Expansión de Horizontes — James A. Long

El Camino Real del Servicio

Pregunta — Desde que estudiamos las Paramitas, he estado investigando más el pensamiento budista. La mayor parte me gusta mucho, pero no entiendo todo lo relacionado con el Nirvana. Me parece que el sentido completo de la enseñanza budista es el escaparse de la "Rueda de la Vida," la sucesión de vidas en la Tierra, para alcanzar la felicidad del Nirvana. Cuando por primera vez oí hablar de reencarnación, pensé que era algo maravilloso, y todavía sigo pensando así, porque resuelve muchos de mis problemas. Ahora bien, ¿por qué deseamos escapar de la rueda del renacimiento? ¿Por qué este énfasis en la felicidad?

Comentario — Estoy enteramente de acuerdo con usted en que se da demasiado énfasis en alcanzar el Nirvana, o cualquier calificativo que se le quiera dar. No debemos olvidar, cuando investigamos algunas de estas escrituras orientales, que hay tanto pensamiento cristalizado en el Oriente como lo hay en el Occidente. Lo que enseñó Buda es una cosa, pero lo que sus seguidores, tras los siglos, han organizado como sus enseñanzas, es frecuentemente una cosa muy distinta. En muchos respectos las enseñanzas del budismo son altamente espirituales; sin embargo se han aceptado, tanto en la Escuela Hinayana como en la Mahayana, varias malas interpretaciones en relación con la Verdad.

Pregunta — ¿No dicen que si se viviera una vida buena en la Tierra, se reencarnaría en un animal superior, y tal vez en un ser humano; pero si se ha vivido una mala vida, entonces se regresará a la Tierra como un chacal, una culebra o un leopardo?

Comentario — Eso es un perfecto ejemplo de lo que trato de explicar. Gautama el Buda, una de las luces espirituales más elevadas que ha visto el mundo, no enseñó que el alma humana reencarnaría en una forma animal; pues eso sería directamente contrario a la obra de la Naturaleza. Pero a causa de que los antiguos, muchas veces emplearon metáforas y tropos o lenguaje alegórico para describir ciertas verdades, las generaciones siguientes aceptaron literalmente las formas de esas enseñanzas, y así es cómo las malas interpretaciones llegaron a fijarse firmemente en las mentes de las personas.

Lo que sí enseñó el Buda fue que un hombre ha de tener cuidado en cada uno de sus pensamientos y sentimientos, porque éstos dejarán su marca no sólo en su carácter, sino también en todos los átomos-simientes de su constitución. Y puesto que "lo semejante atrae a lo semejante," aquellos átomos-simientes de una calidad grosera pueden, después de la muerte, ser fácilmente atraídos, al menos provisionalmente, a cuerpos de animales. Así también, cuando los Upanishads, y también Platón ocasionalmente, dijeron que un hombre puede renacer como un animal, en realidad quisieron decir que si el alma está marcada con ciertas propensiones animales, éstas, si no son dominadas, tenderían a oprimirlo en vidas siguientes.

Una cosa es segura: el alma humana es intrínsecamente tanto más desarrollada que la del animal, tanto en calidad y experiencia, que no puede encarnar en una forma inferior. La antigua idea, antes universalmente comprendida, es que en nuestra calidad de seres humanos regresamos a la Tierra periódicamente, después de un término de rehabilitación y refresco espiritual, para seguir nuestra búsqueda por la unión consciente con nuestra fuente divina.

Pregunta — ¿Por qué la prisa para escaparse de la Rueda de la Existencia? ¿Cuál es el objeto del esfuerzo de alcanzar el Nirvana?

Comentario — No sólo no hay objeto en tal esfuerzo, sino que es absolutamente un concepto erróneo. Este énfasis excesivo en alcanzar el Nirvana ha sido durante siglos una de las más grandes desventajas del pensamiento del oriental. Y hoy día en el Occidente, para aquéllos que están familiarizándose con el pensamiento budista y vedantino, está también haciéndose un obstáculo para el progreso. Mucho oímos hablar en estos días de la "Realización de Sí Mismo," el término Occidental para el concepto Vedantino de Moksha o "la liberación" del apego a las preocupaciones terrestres. El mismo término "Realización de sí Mismo" da el indicio: un sendero de empeño motivado por el deseo de la salvación personal. Ya sea que lo llamemos Nirvana, Felicidad o Moksha, el deseo excesivo de alcanzar la felicidad señala una espiritualidad concentrada en uno mismo en contraste con ese sendero sublime enseñado por el Buda y el Cristo, el de vivir enteramente para el servicio de todos.

Pregunta — ¿Es que hay entonces dos senderos en las cosas espirituales? Yo siempre había pensado que sólo se podría contrastar el modo de vida material con el modo espiritual. Pero ahora usted parece haber dividido este sendero espiritual en dos.

Comentario — Hay en verdad dos senderos en el empeño espiritual. El primero se llama el "sendero para uno mismo," y el otro, el "sendero inmortal" o el "sendero de la compasión." El "sendero para uno mismo" es el que persiguen todos los que buscan la salvación para ellos mismos, cuyos devotos más ardientes, por regla general, anhelan entrar en algún tipo de vida en la cual puedan despedirse del bullicio y la distracción de la existencia terrenal y alcanzar el Nirvana pronto. El otro, es el antiguo sendero de la compasión, empinado y espinoso, que es recorrido por aquéllos que seguirán las huellas del Cristo y del Buda: el sendero del empeño altruista que busca la sabiduría únicamente para que se pueda compartir la Verdad y la luz con todos.

El sendero de la materia tiende hacia abajo; aunque estamos involucrados en su atmósfera, hay pocos en verdad que siguen la atracción hacia abajo con exclusión de todo lo demás. El sendero del espíritu va hacia arriba y adelante siempre, hacia la divinidad interna. La elección entre lo material y lo espiritual, por consiguiente es clara, a pesar de cuán frecuentemente fallamos en llevar a cabo nuestras aspiraciones por los valores permanentes. Sin embargo, en cosas espirituales también se llegará a una bifurcación del camino: el seguir el sendero para nosotros mismos, o para otros.

Este concepto es bien conocido en el Oriente, con especialidad en aquellos países donde el budismo ha sido firmemente establecido por siglos; esto es porque el pueblo, por tradición, tiene mucho más respeto para los Bodhisattvas que para los Budas. Para la gente, el Bodhisattva es uno que ha alcanzado el punto en que puede ya pasar a través del abismo de la obscuridad al Nirvana, la Omnisciencia, Paz o Sabiduría, como quiera que se le llame, pero que se niega a pasar para poder quedarse atrás hasta que el último de sus hermanos pueda llegar junto a él. Pero un Buda es uno que, habiendo alcanzado la entrada, ve la luz adelante y entra en el Nirvana, logrando su felicidad bien merecida.

Pregunta — Cuando mi esposo y yo estábamos en el Japón, recientemente, visitamos algunos de sus templos. Vimos a Bodhisattvas tallados de varios tamaños, unos de ellos muy artísticamente hechos. ¿Quisiera usted decir algo sobre esto?

Comentario — No sólo en el Japón, sino en la China y en aquellas regiones de la India donde se ha arraigado el budismo, usted encontrará muchas esculturas de Bodhisattvas. La idea de la compasión está perpetuada en algunas de estas estatuas donde la mano derecha se extiende hacia la sabiduría, luz y belleza del Nirvana; mientras que la mano izquierda se extiende hacia abajo en dirección de la humanidad, en un gesto compasivo de benevolencia.

Pregunta — Yo quisiera volver a esta palabra felicidad. Confieso que me inquieta un poco. Cuando pensamos en la felicidad, supongo que todos tenemos un concepto diferente. Para un niño, sería tener todos los helados que pudiera comer por siempre; para otra persona pudría ser llegar, después de mucho esfuerzo, a la cima de una montaña. Tal vez soy demasiado mundano, pero siempre me ha parecido algo cobarde el querer escapar a algún bosque tranquilo y hacerse un ermitaño. ¿Qué hay de más grande después de todo en obtener la felicidad, aun si uno se decide más tarde a renunciarla para permanecer en el mundo?

Comentario — No hay nada grande por sí mismo en alcanzar la felicidad del Nirvana. Los vocablos en el sánscrito original señalan la distinción básica: el uno es el sendero Pratyeka, o el sendero de aspiración espiritual "para uno mismo," un tipo de espiritualidad puramente egoísta; el otro es el sendero Amrita, o el sendero que resulta ser el "inmortal" porque es el sendero de sacrificio, de compasión, de servicio.

Permítame tratar de poner el asunto simplemente. Suponga que usted tuvo una intuición que le condujo a hacer algún descubrimiento científico, que usted creía que podría afectar profundamente al mundo para el bien. Usted podría hacer una de las dos cosas: podría guardarlo y reservarlo para sí mismo, para después, una vez concluido el proceso, ponerlo en el mercado y ganar mucho dinero. O usted podría entregarlo a los científicos de primer rango para que lo perfeccionasen en beneficio de otros, y entonces sería puesto al servicio de la humanidad. Usted tendría todo su derecho de conservar la invención o descubrimiento para sí mismo, patentarlo y aprovecharse de ello tanto como le fuera posible. Usted podría razonar que, a la larga, el mundo se beneficiaría, porque usted habría hecho disponible tal producto. Al actuar así, usted experimentaría una cierta "gloria" personal o satisfacción en haber logrado sus objetivos. Por otra parte, si usted dio libremente su descubrimiento para que fuese puesto en el caldero de la prueba científica, ¿no haría al mundo un servicio mucho más grande? ¿Qué esperaría usted en forma de recompensas interiores?

Pregunta — ¿Si usted da la espalda a la felicidad, usted en efecto la dobla, verdad?

Comentario — Sólo si el motivo es tan abnegado como la acción. He aquí donde el comodín del naipe siempre se esconde en el juego. Los productos derivados de la felicidad en haber contribuido desinteresadamente con los frutos de su intuición para el bien de todos, trascenderán en alto grado cualquier satisfacción personal que de otra manera podría haber; y usted tocaría de una manera los linderos de la felicidad, por así decirlo. Pero en el momento en que alguno de nosotros hace un "acto de misericordia" para experimentar el sentimiento orgulloso de ser un benefactor, en ese mismo momento se hace cenizas ese llamado acto benéfico.

Pregunta — Yo quisiera hacer una pregunta. Hace algún tiempo, cuando discutimos la práctica de las Paramitas, usted dijo que todo es asunto de relatividad; que en cuanto obtenemos una serie de más elevados valores no estamos contentos con los que hemos logrado. ¿Podría ser también relativo el estado de felicidad o satisfacción? Lo que quiero decir es que pudiera haber una felicidad física o aun una mental. ¿Pero no es la felicidad espiritual algo completamente aparte? ¿Obtendremos nosotros como seres humanos, el estado que es comparable con la felicidad del Nirvana?

Comentario — Hay tantos Nirvanas como individuos para experimentarlos; lo mismo que hay tantos estados de conciencia en la Tierra como hay personas viviendo en ella. Los que se esfuerzan por alcanzar el Nirvana, sabiduría, la luz y la paz, para sí mismos; (acuérdense de que el término Pratyeka quiere decir justamente eso, "para sí mismo"), piensan que alcanzarán la felicidad perfecta. Pero los Budas de Compasión y los Bodhisattvas saben que no les es posible alcanzar la plena condición de la omnisciencia. Todo es relativo. Omnisciencia espiritual o felicidad Nirvanica es una experiencia más allá de nuestra capacidad de concebir y es imposible de describir. Justamente porque no nos es posible comprender lo que es este estado de sabiduría omnisciente, no debemos nunca olvidar que el poder de llevar a cabo la unidad con lo Divino yace en el corazón de cada uno de nosotros.

Hay muchos niveles superiores a nuestro estado actual de humanidad, y hay seres avanzados, quienes han alcanzado la unidad con el Padre, ya sea momentáneamente o por un período más largo. Ellos experimentan un instante de la felicidad nirvánica; sin embargo, movidos por el impulso compasivo de servir a la humanidad, ellos permiten que su conciencia regrese al campo de la actividad humana para trabajar en su medio y con la humanidad.

Pregunta — Esa es una visión maravillosa. Tengo que admitir que hay momentos en que todas las distracciones y disturbios chocan en nosotros con demasía, y tenemos que escaparnos por un rato, escalar una montaña, descansar en la playa, o viajar un poco; hacer cualquier cosa para recargar los gastados acumuladores. Pero he experimentado que después de unas semanas, anhelo regresar a mis quehaceres diarios. Una vez que mis nervios se han relajado, crece ese impulso de reanudar el trabajo. No puedo decir que sea porque he querido seguir un sendero de compasión; es sencillamente que, en cierto sentido, la lucha en la vida parece más interesante que simplemente el no hacer nada. ¿Hacia qué rumbo me dirijo, para el sendero egoísta, o hacia el otro?

Comentario — Lejos está de mí decidir quién está en el sendero egoísta o Pratyeka, y quién está empeñado en seguir el sendero de la compasión. Nadie puede juzgar a otro. Acuérdese de que es la intención, el verdadero motivo interno el que está frecuentemente escondido, y no el motivo exterior que colorea el campo de la acción de uno. Día tras día estamos haciendo pequeñas selecciones que con el tiempo, en una dirección u otra, inclinarán los platillos de la balanza de aquella suprema elección.

Todos somos humanos, y si queremos entrar de nuevo en la lucha de la existencia sólo para vencer al otro, para adelantarnos lo más pronto posible en ganar poder e influencia, entonces nos estamos dirigiendo hacia abajo; si no nos dominamos, y seguimos en esta dirección vida tras vida, estaremos siguiendo el sendero de la materia que conduce al fin, a la muerte espiritual. Pero si después de nuestras vacaciones regresamos a nuestros trabajos motivados por un deseo inherente de cumplir con nuestra obligación dentro de la gran totalidad de la existencia, participando en los regocijos y las tristezas de la vida como parte de nuestra porción en levantar la carga del mundo, entonces nuestro motivo es de origen desinteresado. Gradualmente llegará a ser más y más refinado, y el ideal del sendero de la compasión se arraigará firmemente en nuestros corazones.

Pregunta — ¿Pero cómo nos hacemos espirituales?

Comentario — No debemos esforzarnos en hacernos espirituales ni santos ni avanzados, pues ese mismo énfasis de interés en el desarrollo de uno mismo es el obstáculo más grande hacia el progreso. La realización espiritual nunca resulta del esfuerzo de querer hacerse espiritual, aunque esto le parezca extraño. Sin embargo, se nos recomienda repetidamente "elevar el yo inferior por medio del Yo Superior," transmutando los metales brutos del deseo egoísta en el oro del esfuerzo desinteresado. Todo lo cual quiere decir que debemos siempre, y en cada momento, aspirar hacia el ideal del altruismo, del desinterés, y de todas las demás virtudes de que hemos tratado, pero no concentrarnos en nuestra propia evolución. Aunque supiésemos las doctrinas del budismo, las del cristianismo o las del pensamiento platónico desde el alfa hasta la omega, esto por sí mismo, no nos hará espirituales.

Pregunta — ¿Pues bien, estos Pratyekas de que usted habla, no son ellos entes espirituales? ¿Si no, de qué otro modo se hacen los Budas? Yo no entiendo esta mezcla de egoísmo y espiritualidad. ¿Es verdaderamente posible que haya egoísmo en el logro espiritual, pues no tendría uno que servir a medida de que se desarrollase?

Comentario — No debemos formar la errónea impresión de que un Pratyeka, un ente que trabaja por cosas espirituales para sí mismo, es malo. No lo es. Él es un individuo espiritual, altamente desarrollado; ni es correcto decir que no hará nada nunca para sus semejantes. Ellos todos hacen tales cosas; de eso no hay ninguna duda, porque sencillamente no pueden menos que actuar así. De nuevo volvemos al motivo. Yo puedo salir mañana y convertirme en un así llamado "ángel de misericordia" y desempeñar toda clase de obras buenas; o si tengo mucho dinero puedo dárselo a los pobres, o a esta u otra causa benévola. ¿Pero qué efecto tendrán tales "actos de misericordia" en mi carácter, en mi karma, o en mi verdadero Yo?

No es lo que hacemos lo que decidirá, sino cómo pensamos y actuamos. Al fin de cuentas solamente una cosa valdrá: el motivo. Si yo recibo una cierta satisfacción haciéndome un benefactor, sin duda haré mucho bien, mejoraré muchas vidas, aliviaré muchas penas. Con todo, si yo hago estas "buenas obras" para convertirme en el autor de buenas acciones, para alcanzar mi meta de espiritualidad más rápidamente, ¿no hay más de un poco de egoísmo en mi motivo? Por otro lado, si en los actos más pequeños de la vida diaria trato de nunca entrometer mi voluntad personal en la ecuación de relaciones humanas, sino que me empeño siempre en que los canales de servicio se abran solamente para beneficio de otros, entonces seguramente será el motivo desinteresado. Así los resultados serán infinitamente más duraderos porque se les sentirán, no en la parte personal de los auxiliados, sino en las partes más elevadas de sus almas donde continuarán los beneficios vida tras vida.

Así tiene usted las dos líneas del esfuerzo espiritual: una, con el fin de conseguir la felicidad para sí mismo (el sendero aparentemente más rápido, porque las penas y pruebas de otros no le retardan a uno); y la otra, con el fin de disminuir el dolor del hombre.

El sendero Pratyeka a la larga llega a ser el más lento, pues una vez que el aspirante alcanza el punto en que está suficientemente iluminado para entrar en el Nirvana, dice adiós al desenvolvimiento espiritual adicional, permaneciendo estático hasta el próximo gran ciclo, que puede ser un período muy largo. Finalmente cada uno de nosotros tendrá que hacer la suprema elección: pasar por la puerta o vislumbrar la felicidad de la completa sabiduría y paz, y sin embargo, volver al valle de lágrimas para socorrer a la humanidad. Aquélla es la elección de los Grandes Seres de la raza. La de ellos es una tarea en la que no piden agradecimiento. No buscan ni recompensa, ni reputación, nada, sino la oportunidad de compartir su propia sabiduría tan difícilmente conquistada.

Esto es el porqué la pura tradición es nacida y transmitida por la sucesión de Seres Compasivos, que no piensan en su propio adelanto, porque tienen en el fondo del corazón el interés por sus semejantes.

Ofrecer toda acción en el altar de su propio progreso es Pratyeka, egoísta en la prueba final; ofrecer todo pensamiento, acción y sentimiento en el altar del progreso de la humanidad, eso es Compasión en su más elevado nivel.



Theosophical University Press Online Edition