Para Iluminar Mil Lámparas: Una visión teosófica por Grace F. Knoche

Traducción al Español © 2006 por Theosophical University Press

Capítulo 14

H. P. Blavatsky y la Sociedad Teosófica

En 1888, la publicación de La Doctrina Secreta, por HPB, desafió la reconocida opinión formal de teólogos y científicos, y cambio notablemente la dirección de la forma de pensar del siglo XX. La suya fue una cosmovisión que consideró los ciclos de vida de las galaxias y los átomos como parte del mismo proceso evolutivo que hace regresar al alma humana a la vida terrestre, una y otra vez.

¿Quién fue HPB y qué es la Sociedad Teosófica a la cual ella ayudó a fundarse? Helena Petrovna Blavatsky (su apellido de soltera: von Hahn) nació en Ucrania, en Ekaterinoslav (Dnepropetrovsk), sobre el río Dnieper, el 12 de agosto de 1831 (31 de julio, en el calendario ruso de estilo antiguo). Su padre fue el Capitán de Artillería, Peter Alexeyevich von Hahn, un descendiente de los Condes Hahn von Rottenstern-Hahn, una antigua familia Mecklenburg, de Alemania; y su madre, Helena Andreyevna, hija del Consejero Privado A. M. de Fadeyev y de la Princesa Helena Pavlovna Dolgorukova, fue una novelista talentosa que osó hablar en contra de la opresión, especialmente de esa en contra de las mujeres. Ella sufrió de mala salud en la mayoría de su corta vida, y murió a los 29 años de edad. Helena, entonces de 11 años, con su hermana Vera, y su hermano pequeño, Leonid, dejaron Odessa para irse a vivir con sus abuelos maternos, los de Fadeyevs, en Saratov, y más tarde, en Tiflis, en el Cáucaso.

La Señora de Fadeyev fue una mujer de una sabiduría exquisita y de realización escolástica, una botánica respetada en toda Europa, versada en historia y en ciencias naturales, incluyendo arqueología. Las extraordinarias cualidades de mente y espíritu de Helena, más la vasta librería en el hogar de los Fadeyev, nutrieron y fortalecieron su resolución para encontrar la verdad por ella misma, no importándole el riesgo. Se casó en 1849, en nombre solamente, con Nikifor Blavatsky, un hombre de más del doble de su edad. Helena huyó después de tres meses, obteniendo la libertad que tanto anheló. Entonces empezaron los años de las andanzas aparentemente agitadas, y los viajes alrededor del globo, encuentros con sabios, y con sabios de menor cuantía, de cada continente. Ávidamente buscó el hilo de Ariadna que la guiarían hacia aquellos maestros, y hacia esas experiencias de la vida, que agudizarían su intuición y extenderían su compasión.*

*Vea HPB: The Extraordinary Life and Influence of Helena Blavatsky, por Sylvia Cranston, 3rd rev ed.; H. P. Blavatsky and The Theosophical Movement, por Charles J. Ryan, 2nd rev. ed.; H. P. Blavatsky: Collected Writings, 1874-1878, ed. Boris de Zirkoff, 1:xxv-lii; y H. P. Blavatsky, Tibet and Tulku, por Geoffrey A. Barborka, p. 6-41.

Durante ese período, HPB estaba siendo adiestrada y preparada para dirigir un movimiento espiritual que sacudiría el árbol de la ortodoxia hasta sus meras raíces, y al mismo tiempo, dirigiría la atención del público hacia los frutos del árbol de vida, el cual puede ser ganado por todos los buscadores sinceros, deseosos y listos para someterse a la disciplina exigida.

HPB estuvo en París en 1873 cuando sus maestros le ordenaron que viajara a América y empezara su trabajo. Ella salió inmediatamente y llegó a la ciudad de Nueva York el 7 de julio. En octubre del siguiente año, se reunió con Henry Steel Olcott, quien había sido enviado por el Daily Graphic a la granja Eddy, en Vermont, a investigar los fenómenos que, según se decía, estaban ocurriendo allí. Ellos dos, muy atentamente, trabajaron juntos en la formación y evolución de la Sociedad Teosófica.

Exactamente dos años después de venir a América, HPB recibió órdenes adicionales, como lo anotó en el primero de sus "Scrap Books":

Órdenes recibidas desde la India mandan establecer una Sociedad filosófica y religiosa, y que se escoja un nombre para ella — también que se escoja a Olcott. Julio de 1875.*
*The Golden Book of The Theosophical Society: 1875-1925, p. 19; H. P. Blavatsky, Collected Writings 1:94.

Así fue como el 7 de septiembre de 1875, en su residencia en la ciudad de Nueva York, HPB tuvo de invitados a un pequeño grupo de espiritualistas, cabalistas, médicos y abogados — todos ellos fascinados por el aspecto "oculto," o secreto, de la naturaleza — quienes asistieron a una conferencia dictada por George Henry Felt sobre "The Lost Canon of Proportion of the Egyptians." Durante el transcurso de la noche, la idea de formar una Sociedad para esta clase de estudios, fue propuesta. Dieciséis de ellos, más o menos, deseosos de juntarse, se reunieron la noche siguiente, y las subsiguientes, para formalizar sus intentos. Hacia el 30 de octubre, un Preámbulo y Estatutos habían sido acordados e impresos con los objetivos de la Sociedad, "para coleccionar y difundir un conocimiento de las leyes que gobiernan el universo." El 17 de noviembre de 1875, una Sesión Inaugural en Mott Memorial Hall, en la ciudad de Nueva York lanzó la Sociedad Teosófica, con un discurso ofrecido por su Presidente y Fundador, Henry S. Olcott. El nombre "teosofía" había sido adoptado porque describía lo mejor de ese sistema filosófico y religioso, el cual concibe a la Divinidad como una autoemanación en una serie de progresiones, como también reconoce al alma humana como un ser capaz de obtener iluminación mística y espiritual. El ideal de la fraternidad no fue establecido explícitamente, pero estaba implícito en el Preámbulo, el cual afirmaba que la membresía se abría para todos, no tomando en consideración razas, géneros o credos.

En 1875, la Sociedad Teosófica fue una empresa totalmente desconocida. Quizá con la excepción de quienes estaban detrás del Movimiento, nadie realizó cual sería el efecto de largo alcance de ese pequeño puñado, quienes se habían atrevido a formar un grupo que investigaría seriamente las leyes internas que mueven y sustentan el universo físico externo. Por esa época fue notable la recepción dada a sus enseñanzas; sin embargo, HPB tuvo que enfrentarse a la fuerte oposición por parte de eruditos, científicos y teólogos, sin mencionar a la prensa popular. Para muchos, ella era una iconoclasta de un carácter que ellos no pudieron comprender — allí se hallaba una mujer con propósitos audaces, derribando a toda vaca sagrada, no solamente con su trabajo enorme de dos volúmenes, Isis Unveiled (1877), sino también con un torrente de artículos en los periódicos y revistas. Ellos no pudieron creer que ella no había salido a destruir el mensaje de vida de los maestros religiosos del mundo, o a los hechos demostrados de la ciencia. Al contrario, su propósito fue sencillo y directo: hablar en contra de todo lo que fuera de una índole de letra muerta e hipócrita, mientras abría ampliamente las ventanas de las mentes cerradas a las brisas vigorizantes del pensamiento independiente, y a una filosofía de dimensión cósmica.

Para poder apreciar mejor quien fue Helena Blavatsky, es necesario que la veamos como la portadora de un mensaje, como la portavoz de quienes eran más sabios que ella, esos miembros de una fraternidad de guardianes y protectores de la humanidad, quienes mantienen a su cargo las verdades acerca del origen y destino espirituales del hombre — verdades que son reveladas cuando el llamado desde los corazones de hombres y mujeres es lo suficientemente importante para provocar un descubrimiento adicional de la ciencia oculta de la naturaleza. Antes de 1875, el mundo occidental estaba escasamente enterado de que seres humanos avanzados existían, a pesar del hecho de que, en India, el Tibet, China y en el Cercano Oriente, las leyendas y las escrituras testifican de una asociación de sabios quienes, de vez en cuando, envían a uno de sus miembros a vivir y a trabajar entre esa o aquella gente. Volverse digno para ser tomado en consideración por un gurú o maestro, fue mantenido como la convivencia espiritual más alta, y muchos aspirantes al discipulado se esforzarían por años sin lograr ningún signo de reconocimiento, preparándose por ellos mismos mediante purificación y auto-sacrificio para ser aceptados para la instrucción. Todo esto fue típicamente oriental en atmósfera y práctica.

Entonces, con la llegada de HPB a América, todo cambió. El ciclo estaba evidentemente en su punto para los Mahatmas (se les llama de diversos modos: Adeptos, Maestros, o Hermanos), para volverlos a ellos mismos y a su trabajo espiritualizador para con la humanidad, más generalmente entendido. La Sociedad Teosófica fue inspirada por dos Mahatmas, a quienes los jerarcas habían buscado por todo el planeta por aproximadamente un siglo antes de encontrar a alguien quien pudiera ser instruido para recibir y transmitir la enseñanza; y lo que es más, que pudiera y deseara cargar con el karma de iluminar a un mundo densamente impregnado de soberbia por sus logros materialistas.* Esos dos Maestros, más tarde conocidos como M y KH, fueron con su Jerarca y le dijeron: Déjanos probar para ver si tenemos la capacidad de producir un centro de obra, e inspirar a unos cuantos individuos para que trabajen por la iluminación de la humanidad. El Jerarca dudó, pero accedió a que lo intentaran. No buscaron a gente perfecta. Si hubieran esperado hasta que HPB, Olcott, Judge, y otros que quisieron ayudar, se hubieran vuelto perfectos, es posible que la Sociedad Teosófica nunca hubiera nacido. Lo maravilloso de ello es que esos primeros teósofos tuvieron la valentía de iniciar un ideal que, aparentemente, estaba más allá de la realización: el de establecer un núcleo de hombres y mujeres que ofrecerían sus energías más puras para promover el ideal de la fraternidad universal.

*Vea The Mahatma Letters to A. P. Sinnett, Letter XXVI, p. 203.

Casi inmediatamente después de la revelación pública de sus existencias, Maestros y Adeptos, bajo varias iniciales y nombres, se convirtieron en la conversación de los teósofos y sus contemporáneos. Inevitablemente, la gente con poco, o con ningún conocimiento de lo que el discipulado acarrea, desearon tomar contacto personal con los Hermanos. Para muchos, eso fue una efusión natural y espontánea de amor y estima para con esos seres grandiosos quienes personificaban todo lo que ellos aspiraban ser. Algunos, sin duda, sencillamente desearon ser especiales. Otros reaccionaron con desprecio y burlas; no pudieron darse cuenta de la profunda compasión que movió a esos amigos de la humanidad. HPB se lamentó que ella hubiera permitido que "los fenómenos y los Maestros" se tornaran del conocimiento público (

Blavatsky Letters, p. 97) Después de relativamente pocos años, los Maestros se retiraron del contacto exterior con la Sociedad; sin embargo, internamente retuvieron su vínculo con HPB y con el núcleo del Movimiento, para continuar con la inspiración de guía de las generaciones subsiguientes de buscadores.

Hoy, el tema de los Mahatmas y sus influencias directas e indirectas sobre individuos o grupos, o sobre la humanidad en su totalidad, es otra vez notable. Muchos teósofos prefieren decir lo menos que sea posible acerca de los Maestros, o de Shambhala, con el propósito de no profanar más lo que es inefablemente sagrado, aunque ellos claramente reconocen a HPB y a sus Maestros, como la fuente de la teosofía y sus ideales.

Con seguridad, los Maestros están detrás de todo esfuerzo auténticamente altruista para levantar la carga y la ignorancia de la humanidad, y el movimiento teosófico no es la única fuente de "componentes básicos" de la Fraternidad. "El sol de la Teosofía debe resplandecer para todos, y no solamente para una parte," escribió el Maestro M al señor A. P. Sinnett al comienzo de 1882. "Hay más de este movimiento de lo que usted se haya podido formar idea, y el trabajo de la Sociedad Teosófica está vinculado con el trabajo similar que está secretamente avanzando en todas partes del mundo . . . Usted conoce a KH y a mí — ¡besos! ¿Conoce algo de la totalidad de la Fraternidad y de sus complejidades? Y M le recuerda a Sinnett que "ya era tiempo que él debiera haber aprendido nuestras costumbres. Nosotros aconsejamos — nunca ordenamos. Pero influimos sobre los individuos."* No nos corresponde el colocar cercados alrededor de los Maestros, ni siquiera en pensamiento; y ya sea conscientemente o no, el tratar de decretar lo que sus obras significan y cuáles no representan nada, y cómo, o a quien ellos inspirarán o influenciarán. Equitativamente, debemos de ser cuidadosos de no prejuzgar a nadie y convertirlo en un ídolo en forma automática solamente porque él declara ser el "portavoz de los Maestros," o porque recibe "mensajes" de Morya, Koot-hoomi, o de Djual Khool.

*The Mahatma Letters, Letter XLVII, pp. 271-2.

No deberíamos dejarnos sorprender con la proliferación de pretendidos gurús, avatares, maestros ascendidos, reencarnaciones de HPB, swamis, y mensajeros. Un número de gentes ha tomado las enseñanzas de los Maestros y han creado de ellas una fantasía de imaginación psíquica, haciendo una parodia de la teosofía. Con todo, y a raíz de la publicación de las cartas originales de los Mahatmas a A. P. Sinnett y a otros, ahora fácilmente disponibles en bibliotecas y librerías, parece increíble que se le dé tanta atención a falsos mahatmas y mensajeros, quienes explotan las inquietudes de los tiempos y la vulnerabilidad de los inocentes, cuya extrema sinceridad los vuelven presas fáciles. Sería absurdo si no fuera esto tan trágico, con tantas vidas marcadas con cicatrices por la traición.

Al mismo tiempo, ni los Maestros y sus cartas, ni The Secret Doctrine, o ninguna de las obras de HPB, constituyen la base de un credo o una "biblia." La Sociedad Teosófica no tiene artículos de creencias, ni dogmas; la consigna es la libertad de investigación, de aspiración, de autoevolución. Una y otra vez, HPB dejó claro que lo que ella estaba trayendo era solamente una porción de la religión y la sabiduría eternas; de que ella era una transmisora de lo que ella había recibido. Mediante su genio titánico, ella lo ofreció en la mejor forma que pudo, pero no reclamó que cada palabra era sacrosanta. Ella colocó esas verdades ante nosotros diciendo, a la manera de Montaigne: "No he . . . traído nada mío, sino la cuerda que lo ata." — corta la cuerda si así lo deseas, pero no podrás destruir la verdad."*

*Cf. The Secret Doctrine 1:xlvi.

Inevitablemente, HPB tuvo muchos detractores. Por ejemplo, en 1885, la Sociedad para la Investigación Psíquica (SPR, en inglés), publicó un reporte de Richard Hodgson, afirmando que HPB había escrito las cartas de los Mahatmas* ella misma, y la SPR concluyó que HPB era "una de las más expertas, ingeniosa e interesante de las impostoras de la historia."† Después de los años, amigos y defensores de HPB tuvieron tiempo, y buscaron una retracción otra vez, pero fue de poco provecho. Entonces, en 1986, "impulsado por un fuerte sentimiento de la necesidad de JUSTICIA," el Dr. Vernon Harrison, experto en manuscritos y miembro de mucho tiempo de la SPR, publicó una crítica del Reporte de Hodgson, titulado:"J'Accuse: An Examination of the Hodgson Report of 1885," seguido en 1997 por "J'Accuse d'autant plus [I accuse all the more]: A Further Study of the Hodgson Report." Por un período de más de quince años, el Dr. Harrison había hecho un estudio exhaustivo de los manuscritos de las cartas de los Mahatmas y encontró que el Reporte Hodgson era "severamente imperfecto e indigno de confianza," y que no existía "ninguna evidencia de común origen entre los manuscritos de 'KH', 'M', y 'HPB'.‡ Sin embargo y a pesar de los ataques sobre su carácter, hechos por Hodgson y otros, HPB continuó escribiendo lo que se convirtió después en The Secret Doctrine.

*Esta colección de cartas holográficas fue presentada en 1939 por la ejecutora testamentaria de Sinnett, Maud Hoffman, al Museo Británico (ahora Biblioteca Británica) en donde pueden ser examinadas por el público.
†Compare Proceedings of The Society for Psychical Research, London, England, Part IX, December 1885, pp. 201-400.
‡Las críticas del Dr. Harrison han sido publicadas en un solo volumen, con 13 láminas a todo color, con el título: H. P. Blavatsky and the SPR: An Examination of the Hodgson Report of 1885, Theosophical University Press, 1997.

En 1886, HPB emitió una declaración convincente en la cual aclara lo que el programa original de la Sociedad Teosófica era, y que todavía, hoy en día, permanece en vigencia. En ese respecto, ella dice que los fundadores "tuvieron que oponerse, en la manera más fervorosa posible, a todo lo que pareciese fe dogmática y fanatismo — como el creer en la infalibilidad de los Maestros, o aun más, en la misma existencia de nuestros invisibles Preceptores, lo cual mandaba a examinar todo desde el principio.* A Olcott y a ella no se les dijo qué hacer, pero sí se les dijo inconfundiblemente qué no hacer; en forma particular, que no deberían permitir nunca que la Sociedad Teosófica se convirtiese en una secta dogmática, ni en pensamiento, ni en hechos. La firmeza de la teosofía es que no existe ninguna enseñanza en la que alguien tenga que creer, antes de que pueda participar activamente como miembro o seguidor de la Sociedad Teosófica. El único requisito es que acepte el principio de fraternidad universal como una grandiosa validez, y en la capacidad de pensar como en la de actuar. Se puede permanecer como budista, cristiano, zoroástrico, ateo, o de cualquier ideología: "El espíritu más grandioso de libre investigación, sin impedimentos por parte de alguien o de algo, tenía que haber sido estimulado."†

*The Original Programme of The Theosophical Society, p. 6; reimpresión, H. P. Blavatsky, Collected Writings 7:148.
†Ibíd.

Este programa original está incorporado en los objetivos de la Sociedad Teosófica, y cualquiera que sea su redacción, permanece en principio como sigue: difundir entre los hombres el conocimiento de las leyes inherentes en el universo; promulgar el conocimiento de la unidad esencial de todo lo que existe, y demostrar que esa unidad es fundamental en la naturaleza; formar una fraternidad activa entre los hombres; fomentar el estudio de la religión, la ciencia y la filosofía, tanto las antiguas como las modernas; e investigar los poderes innatos en los hombres.

Un estudio de las escrituras religiosas y filosóficas liberan un torrente de ideas porque, cuando buscamos dentro de los escritos sagrados de las civilizaciones del mundo desde la perspectiva extensa que la teosofía provee, discernimos la única sabiduría espiritual expresada en múltiples formas. La familiaridad con las tradiciones y las escrituras de las gentes primitivas también nos ayuda a mantener un sentido de proporción. Llegamos a apreciar que este grandioso sistema universal de verdades es la herencia común de la humanidad; pero que, periódicamente, encuentra una expresión "única" con el propósito de satisfacer necesidades específicas de una era determinada. Esto explica por qué, esta o esa nación, o raza, se denomina "el pueblo escogido" por ella misma — y ello es porque, dentro de cierto período histórico, ellos fueron los escogidos por el mensajero de ese tiempo en el cual recibieron una nueva luz, una nueva directriz para su vivir espiritual.

Obsérvese la redacción cuidadosa del último objetivo: la frase dice: "para investigar los poderes innatos en el hombre," no dice desarrollar poderes psíquicos. Existe una enorme diferencia. Somos animados a que entendamos que somos seres de múltiples despliegues, a estudiar e investigar la extensión total de nuestras potencialidades humanas. Como sea, aquí hay una advertencia tácita en contra de desarrollar poderes de una manera que no sea natural que podrían conducir a un énfasis excedido de los aspectos físicos y astrales de nuestra constitución, a expensas de nuestras facultades intuitivas y espirituales. HPB amargamente se lamentó que tuviese que haber revelado ciertas proezas de poderes fenomenales a unas pocas personas en quienes confió, con la posibilidad de demostrar que existe un mundo de fuerzas sutiles más allá del mundo físico. En nuestros días, a muchos les gustaría tener esos poderes extraordinarios, pero honestamente, ¿Cuántos podrían decir que los quieren para cultivarlos desde los motivos totalmente altruistas? Después de todo, ¿Qué valor intrínsico tienen esos poderes? Es mejor examinar nuestros motivos, para asegurarnos que son realmente altruistas. Todos tenemos demasiado egoísmo dentro de nuestros deseos espirituales, como también en nuestra naturaleza material, y el egoísmo en los principios superiores es mucho más tenaz que en la naturaleza inferior, en donde es comparativamente más fácil de superar.

De esta forma, el propósito teosófico es múltiple, y nadie fue más consciente que H. P. Blavatsky en concebir la magnitud de la tarea que tuvo enfrente de ella. Vivió y trabajó en la tradición de aquellos que incesantemente laboran para despertar a la humanidad a su sublimidad innata. "Por sus frutos los conoceréis." Con el transcurso de cada década, ella se está tornando más ampliamente aceptada como una de las responsables de abrir las puertas del alma. Por contarnos otra vez de las enseñanzas de la sabiduría arcaica, ella reveló la fuente inspirada de las muchas tradiciones y escrituras de la humanidad, y desplegó el drama maravilloso del génesis y la evolución de los mundos y del hombre. Para muchos, su más grandiosa ofrenda fue su indicación, una vez más, hacia el "sendero," la vía sagrada de la maestría interna — no para uno mismo, sino para la edificación de todos los seres, donde quiera que se encuentren. Su llamado permanente para los hombres y mujeres de compasión, es para trabajar activamente por la realización de la fraternidad universal; y así, finalmente, toda gente, nación y raza se sentirá libre de aspirar a su destino individual, en armonía y en paz con los demás.


Contenido