Preguntas Que Todos Hacemos por G. de Purucker

Theosophical University Press En Línea


Vol. 1 No. 4 (22 de Octubre, 1929)

ALGUNAS PREGUNTAS QUE TODOS NOSOTROS HACEMOS

He recibido tantas preguntas de investigadores interesados que estoy comenzando a sentirme como una enciclopedia animada, o un diccionario ambulante. La mayoría de estas preguntas han llegado de personas de fuera quienes están interesados en lo que la teosofía tiene que enseñar sobre los temas que les interesan a ellos. Pienso que esta es una buena señal de verdad, la manera en la cual el pensamiento teosófico está afectando la mente del público; y antes de tratar de contestar estas preguntas, algunas de las cuales tocan los más profundos problemas de la vida humana y la naturaleza, voy a leérselas, con el fin de darles una idea de qué clase de preguntas la gente hace, así mostrando lo que sus mentes están incubando, lo que les interesa, y lo que quieren saber.

La gente puede hablar acerca de esta edad como siendo muy materialista, en la que no les interesa nada excepto las cosas materiales — cómo hacer dinero rápidamente, o cómo escoger una esposa o un esposo, o cómo asaltar un banco, o cómo exitosamente administrar un emporio comercial, o lo que sea — pero no creo que estas cosas son las únicas que les interesen a la gente seria y de mente amplia. Por el contrario, creo que preguntas como las de arriba corren en las mentes de la gente quienes aún no han aprendido a ver las maravillosas posibilidades en ellos mismos. Porque hay horizontes más hermosos de visión, de entendimiento, de posibilidades de muchos tipos dentro de cada ser humano; y las preguntas que los hombres y las mujeres hacen a lo largo de estas líneas más elevadas en las cuales ellos encuentran un profundo interés son como los susurros de sus almas — dudas que deben de ser contestadas antes de que puedan tener paz.

Sí, estas son las cosas que realmente y profundamente mueven e interesan a los hombres y las mujeres, y sólo incidentalmente las cosas materiales los mueven y les interesa. Supongo que existen muy pocos hombres o mujeres quienes invierten mucho tiempo, cuando en realidad tratan asuntos de importancia pensando seriamente en nada excepto a aquellas cosas que profundamente valen la pena, cosas por ejemplo, como están incorporadas en las siguientes preguntas: ¿De dónde vengo? ¿Quién soy yo? ¿Para dónde voy? ¿Soy o no-soy? ¿Es todo esto una ilusión: es eso una burla de la esperanza dentro de mi pecho, o es real? Estas son las preguntas que hombres y mujeres pensantes hacen; y ellas van ciertamente a tener una respuesta — de otra manera, ningún sistema que no les responda puede ni podrá sostenerse en pie.

Qué contentos estamos, profesores y exponentes de la milenaria sabiduría-religión que ha resistido la prueba de innumerables épocas, y que nunca ha dejado de responder a cualquier pregunta que cualquier alma humana inquisitiva haya hecho, que a la luz de nuestra bendita Teosofía podamos dar respuestas adecuadas a las almas humanas.

Tengo veinte preguntas anotadas en el papel que sostengo en mi mano, y voy a tratar de contestarlas todas, o algunas de ellas, esta tarde. Las respuestas de necesidad serán breves, pero haré lo mejor para hacerlas tan claras y sensibles a las preguntas como el tiempo y las circunstancias me lo permitan. Aquí están algunas de estas preguntas:

¿Quién soy yo y qué soy yo?
¿Qué soy yo aquí en esta tierra?
¿Soy todo mente o todo materia o ambos combinados?
¿Que es mente?
¿Que es materia?
¿Tiene la materia algún ser real per se?
¿Que es fuerza o energía?

Ahora, amigos, ustedes pueden ver porqué les dije en la apertura de mi lectura esta tarde que me sentí como si fuese una enciclopedia animada o un diccionario ambulante. Amables amigos me enviaron estas preguntas, y siento que no estarán satisfechos hasta que obtengan respuestas receptivas a estas preguntas — y de verdad la teosofía nos posibilita ofrecer respuestas adecuadas.

"¿Quién soy yo y qué soy yo?" ¿Qué respuesta darían ustedes a esta pregunta? Me gustaría contestar esta primera pregunta haciendo en turno una pregunta, después del estilo de Sócrates de la antigua Grecia. ¿Qué quieren ustedes decir por este "yo"? ¿Cuál yo? ¿El yo de las calles, o el yo de la casa de cuentas, o el yo del estudio, o el yo del hogar, o el yo de la prisión: en otras palabras, es el yo espiritual, o el yo humano, o el yo animal? ¿Cuál es referido aquí?

Por las razones anteriores esta pregunta es imprecisa. En primer lugar, de acuerdo a nuestras maravillosas enseñanzas teosóficas, el yo que pienso es indiscutiblemente considerado, es el yo humano, la ordinaria alma humana: y para los teósofos esta es una expresión claramente imprecisa porque el alma humana incluye, en una forma general, todos los factores que ya he señalado: es un centro de conciencia al que varios nombres le han dado en diferentes religiones. Algunas filosofías y religiones llaman a este particular centro de conciencia alma, otros lo llaman ego, otros lo consideran ser ambos alma y ego como una unidad, y otros lo consideran todavía de otras formas, y por lo tanto le dan otros nombres; pero el interrogador evidentemente quiere decir: ¿Quién es el alma humana, y qué es el alma humana?

Es esa entidad la cual no es ni inmortal ni mortal per se, y la cual es el asiento de la voluntad, conciencia, inteligencia, y sentimiento en el ser humano promedio. No es inmortal porque no es suficiente pura para ser verdaderamente impersonal; si lo fuese, no sería humana sino super-humana. No es completamente mortal, porque sus instintos, sus movimientos, las operaciones de sí misma, están en un sentido sobre las cosas de la materia puramente mortal.

Los seres humanos tienen amores sagrados, tienen aspiraciones, tienen esperanza, tienen visión, y muchas otras cualidades similares. Estas cosas pertenecen al espíritu, el cual es inmortal y eterno, y son transmitidas, a través de esta naturaleza intermedia o alma humana, la cual los seres humanos ordinariamente llaman yo, tanto como un rayo de luz pasa a través de la hoja de cristal en la ventana. La hoja de cristal es el vehículo o portador o titular o transmisor de esta calidad maravillosa o fuerza emanando del espíritu de arriba. Nosotros las almas humanas somos como estas hojas de cristal: reflejamos tanto del dorado rayo de luz del espíritu, como nuestro desarrollo evolutivo nos permite hacer. ¿No es eso tan simple? No hay nada difícil de comprender acerca de todo eso.

Ahora, esta alma humana tiene no obstante las semillas de la inmortalidad dentro de ella. Cada ser humano que piensa, sabe de las elevadas y amorosas cualidades de las cuales he hablado, y muchas más de las cuales no he hablado, pueden ser cultivadas al enésimo grado, si la gente solamente lo hiciese así. Cuando esto se hace en algún grado sublime y grandioso, entonces ustedes ven lo que la raza humana puede traer hacia adelante en la forma de los grandes sabios y videntes de todas las edades — los grandes, maravillosos hombres y mujeres quienes ejemplificaron las energías eternas del espíritu: el Buddha, Jesús llamado el Cristo, Apolonio de Tyana, Lao-Tse el gran místico sabio y vidente de China, Confucio — cientos de ellos ejemplifican a que estados de esplendor este yo humano, pude alcanzar cuando se alía así mismo estrechamente y directamente con el espíritu el cual está en el centro de todo lo que es.

De este modo vemos lo que el yo humano es. Es condicionalmente mortal; es condicionalmente inmortal, si aliamos nuestra voluntad y nuestra visión con el espíritu eterno dentro y sobre nosotros, y mortales si permitimos ser arrastrados hacia abajo a lo que comúnmente llamamos materia e instintos e impulsos materiales, que son completamente mortales y en los que todo muere; y agradecemos a los dioses inmortales que eso es así, pues la muerte de estas cosas más bajas es lo que libera al espíritu inmortal dentro y sobre nosotros cuando llega la muerte, así que cuando vamos a nuestra sublime casa para el período de entre vidas de descanso y paz, tenemos solamente dicha y visión elevada y una memoria de todo lo que es grande y esplendoroso en nuestra vida pasada.

Ven ustedes las bases naturales que la ética tiene en pensamientos como estos: las bases que la moral naturalmente tiene en la vida recta y noble, en el pensamiento elevado. Estas no son palabras vanas: verdaderamente, ellas son las enseñanzas de los sabios de la antigüedad, y son las mismas bases de cada religión, de cada religión del mundo que existe: las mismas bases de cada gran filosofía; y les digo más, como espero señalarlo hoy, las mismas bases de las obras de la ciencia, las obras de la naturaleza las cuales están enraizadas en los fundamentos de la Gran Madre, que así mismo descansan sobre el mismo substrato espiritual del ser. Esta pregunta, habiendo tenido el tiempo de contestarla propiamente, requeriría el compás de un libro.

"¿Para qué estoy aquí en esta tierra?" Ya les he dicho en gran parte: para que expandan su auto-conciencia, para que lleguen a ser ustedes mismos, evolucionando, creciendo, expresando eso que está dentro de ustedes, en su propio espíritu; expandiendo la auto-conciencia mientras el tiempo pasa, siempre más y más, hasta que no solamente sean pasadas las señales de los genios, hasta que no solamente sean pasadas las señales de clarividencia y maestría sobre la vida, sino que en el futuro la raza humana habrá evolucionado al sublime grado de desarrollo evolutivo cuando se vuelvan dioses, seres divinos, — pero auto-conscientes.

Existiendo en el primer comienzo de esta fase presente de evolución cósmica en el seno superespiritual la fuente y raíz de todo lo que es: dejándolo como chispas-dioses inconscientes, pasamos a través de muchas existencias y vidas en varias esferas espirituales, como también en varias esferas materiales, entre éstas últimas nuestro propio planeta Tierra; en todas ellas aprendiendo, creciendo, expandiendo, evolucionando, manifestando hacia afuera lo que nosotros somos intrínsecamente y naturalmente dentro de nuestro más recóndito centro. Este es el procedimiento de la evolución: llegar a ser o manifestar lo que somos latentemente dentro de nosotros; en el nombre de la verdad, ¿qué más un hombre o una mujer, o cualquier otro ser, tal sea el caso, llega a ser excepto eso que yace en la entidad evolutiva misma? Después del paso de muchos eones de evolución de esta manera, debemos de re-entrar, místicamente hablando, o re-seremos, o auto-conscientemente reconozcamos nuestro parentesco con el Todo, y así encontramos a nosotros mismos de nuevo en el seno de la Vida universal, pero ya no como inconscientes chispas-dioses, sino como completamente dioses auto-conscientes.

Esta es la enseñanza de todos los sabios de todos los tiempos, y cualquier hombre o mujer pensante debe sentir el llamado instantáneo que hace a ambos mente y corazón. Libérenme de los interpretadores y Señores Oráculos del conocimiento cerebro-mente, quienes piensan que saben todas las cosas, quienes en verdad piensan que saben tanto que no pueden conocer la verdad cuando la ven. La mente ya está tan llena y compactada con ideas y pensamientos acerca de supuestos hechos que han perdido la visión directa y la simplicidad de lo que algunos filósofos han llamado el estado infantil.

Denme el corazón de un niño y la visión no sofisticada de un niño, no echado a perder por las falsas lecciones aprendidas durante la vida; porque en verdad antes de morir, tenemos que desaprender en gran medida lo que pensamos que hemos aprendido a fin de recobrar el estado infantil de visión y confianza, el cual es conocimiento interno espiritual latente en el núcleo de nuestro ser.

"¿Soy yo todo mente o todo materia, o una combinación de ambos?" Yo diría ninguno de los tres: yo no soy todo mente; yo no soy todo materia; yo no soy una combinación de mente y materia. Sólo relativamente puede esta tercera ser dicha. ¿Saben ustedes porque doy la respuesta así? A cuenta de la innecesaria y naturalmente falsa antinomia, contradicción, en la idea que existe una fundamental o radical diferencia entre mente y materia. No existe tal lógica o diferencia fundamental. ¿Pueden ustedes tener en el universo dos absolutos radicales — es decir, de la raíz hacia arriba — dos cosas contrastadas: mente en una mano, y materia en la otra? ¿Dos infinitos? No.

Ellos son uno, fundamentalmente uno; y mente en una mano, y materia en la otra — o poniéndolo de otra manera, espíritu en una mano y substancia en la otra — no son sino dos polos de la misma cosa, dos manifestaciones de la misma realidad subyacente.

¿Qué es esta realidad subyacente? Permítanme llamarle conciencia. Es mente; es materia; es espíritu; es substancia; es forma; es no forma; es energía o fuerza; y es lo que es llamado materia, el supuesto contrario o portador de la fuerza. Porqué, aún nuestros modernos científicos están comenzado a decirnos que la energía o la fuerza y la materia son fundamentalmente una; que lo que nosotros llamamos materia no es sino una manifestación, una proyección hacia delante de lo que la energía es, o lo que la fuerza es. Ellos han ido muy lejos ahora como para decir que lo fundamental de todas las cosas es la electricidad, la cual desde un punto de vista es considerada ser materia y desde otro punto de vista es considerada ser energía, o la resultante de la energía.

En los días de nuestros padres, se pensaba que no había nada más que materia y que la fuerza era meramente un modo de materia, uno de sus movimientos, por así decirlo. ¿Pero de dónde surgieron estos movimientos? Ahora la opinión científica se está yendo al otro extremo, y en muchos lugares escuchamos la opinión que, estrictamente hablando, no hay materia en absoluto y que fundamentalmente no hay nada más que fuerza y energía.

Nosotros los teósofos tomamos el camino del medio entre estos dos extremos; decimos que ambos mente y materia existen, pero ninguno es. Estos son términos filosóficos; ellos existen, es decir, tienen todas las apariencias de ser: son los modos o manifestaciones o maneras de manifestación, de la realidad fundamental subyacente, la cual en la antigua sabiduría-religión es llamada conciencia pura.

Por lo tanto, teniendo estos pensamientos en mente, es correcto decir que no soy todo mente, tal respuesta me limitaría sólo a esta mente humana, ya que la mente humana estaba en la mente del interrogante. En mis partes más internas soy mucho más grande que la mente. La raíz de mi ser es conciencia pura. Por el otro lado, no soy todo materia, porque la materia es una ilusión la cual no tiene una existencia actual per se; y puedo decir ser una combinación de mente y materia solamente en un sentido relativo: como un ser imperfecto evolucionado, manifestando sucesivamente cosas imperfectas; entre las cuales están la mente y la materia; pero mi raíz, la cosa fundamental en mí, el núcleo mío, es conciencia pura, enraizada en conciencia cósmica, y este núcleo de mí se manifiesta a través del centro de energía subyacente de mi ser cuyo centro los teósofos llaman la mónada y de la cual con frecuencia se habla incorrectamente como el alma.

Espero que el hombre que hizo esta pregunta esté aquí.

"¿Qué es mente?" ya lo he contestado. "¿Qué es materia?" Ahora llegamos a algo quizás más familiar. Responderé a la siguiente pregunta al mismo tiempo. "¿Tiene la materia algún ser real per se?" No, ninguno. "¿Qué entonces es la materia?" Bien, los filósofos, algunos de ellos, dicen que la materia es eso que manifiesta fuerza; substancia es eso que manifiesta espíritu; que materia es el vehículo a través del cual las energías trabajan.

Eso está correcto hasta donde va — ninguna objeción a esa expresión en lo absoluto; ninguna objeción a esa forma de mirar las cosas — pero por eso nosotros meramente describimos un proceso; no estamos diciendo qué es la materia. ¿Es materia o eso meramente existe? En otras palabras, es un noúmeno o un fenómeno: ¿existe en sí misma o es eso meramente una apariencia? Ustedes saben el significado de la palabra latina "existir," "mostrar una apariencia de las cosas," existere. Pero la materia no es. Permítanme tratar de darles una idea de lo que quiero decir.

Siempre me gusta citar a los eminentes hombres de ciencia cada vez que pueda hacerles pagar tributo, ya sea que lo quieran o no, a la antigua filosofía teosófica; y es más interesante ver como sus más recientes descubrimientos están trayéndolos en línea con nuestras fundamentales enseñanzas teosóficas, las cuales no han sido inventadas por nadie, las cuales son más antiguas que las perdurables colinas porque son tan antiguas como los seres humanos, tan antiguas como el hombre pensante, y el hombre es más antiguo que las colinas; no pertenecen a ninguna nación, ni a ninguna raza, enseñanzas universales las cuales son las mismas en cada país sobre el globo, y en cada era geológica, porque ellas son formulaciones de las verdades de la naturaleza vistas por los grandes videntes y sabios.

Primero citaré, con el fin de mostrarles lo que materia es en la opinión de los eminentes científicos modernos, de un muy eminente científico filósofo británico, un hombre tan bien conocido en los círculos sociales de su país como en los círculos científicos: el Honorable Bertrand Russell. Él dijo:

Para el ojo o el tacto, la materia ordinaria aparece ser continua; nuestra mesas de cenar, o las sillas en las cuales nos sentamos, aparentan presentar una superficie intacta. Pensamos que si hubiesen demasiados hoyos las sillas no estarían seguras para sentarse en ellas. La ciencia, sin embargo, nos obliga a aceptar una muy diferente concepción de lo que se nos complace llamar materia "sólida"; es, de hecho, algo muy similar a la red del hombre irlandés, "un número de agujeros atados a una cuerda." Sólo sería necesario imaginar remover la cuerda hasta que sólo los nudos quedaran.

Esto es muy inteligente, porque es verdad. He con frecuencia señalado que lo que es llamado "materia" es mayormente "espacio vacío" como popularmente es llamado: vacante, vacío, vacuidad; y los puntos reales sólidos de mi propio cuerpo físico, por ejemplo, yo que soy un hombre de más de seis pies, son completamente invisibles aún bajo el más poderoso microscopio. Si pudiese juntar los así llamados puntos de energía "sólidos" de mi cuerpo, quiero decir los electrones de los átomos, que componen mi cuerpo, en un simple punto, y remover toda la "materia" la cual hace el bulto aparente y medida de mi cuerpo, ese punto colectivo sería tan pequeño que tendrían que buscarlo con una lupa muy poderosa, con un microscopio; y no estoy seguro que pudieran aún entonces verlo.

Entonces ¿qué es "materia"; la madera, el plomo, el acero, los árboles, las piedras, y todo el resto de eso? Mayormente agujeros, el llamado "espacio vacío", vacuidad. ¿Es todo esto entonces una ilusión? Pero por "ilusión" nosotros los Teósofos no queremos decir que algo no existe; realmente por ilusión queremos decir, algo que nosotros, al verlo, no lo entendemos porque no vemos la substancia nouménica causal detrás de eso o debajo de eso. Lo que nosotros vemos es una ilusoria o engañosa presentación. Eso es lo que entendemos por una ilusión.

Permítanme leerles otro extracto del mismo tipo de pensamiento, de un libro muy moderno, The Romance of Chemistry, por William Foster, Ph. D., como lo encontré en la página 36. El Dr. Foster es profesor de Química en la Universidad de Princeton. Él dice:

Ha sido calculado que un centímetro cúbico (menor que un dedal pequeño) de un gas, digamos oxígeno, a una temperatura y presión estándar, contiene aproximadamente veintisiete billones de billones (veintisiete quintillones) de moléculas. El profesor R. A. Millikan dice que ahora podemos contar este número con probablemente mayor precisión de lo que puede llegar a determinar el número de personas viviendo en la ciudad de Nueva York…
. . . W. R. Whitney de la Compañía General Electric ha calculado que si las moléculas en un vaso de agua pudiese cada una ser cambiadas por un grano de arena de mar, la arena así producida sería suficiente para cubrir el total de los Estados Unidos a la profundidad de cien pies.
Si nosotros vertimos un cuarto de agua sobre el mar y, después de mezclarlo por completo con el cuerpo de agua, sustrayendo desde otra parte del mar otro cuarto del líquido, el segundo cuarto contendría muchos miles de las moléculas originales de las cuales fueron vertidas en el mar.

¡Así incalculablemente numerosas son las moléculas en un vaso de agua!

Supongo que ustedes saben lo que la concepción científica moderna de un átomo es: que eso ya no es la última partícula de substancia; y, de acuerdo con las últimas teorías de la ciencia, un átomo está además compuesto de elementos o partículas todavía más pequeñas que el átomo, llamados electrones, de dos tipos: el tipo positivo, los cuales son llamados protones, y el tipo negativo o puntos de electricidad negativa los cuales son comúnmente llamados electrones.

Además, el átomo frecuentemente ha sido asemejado en estructura al sistema solar, con un protón central o grupo de protones como el sol atómico, y un electrón, o numerosos electrones, circulando alrededor de este núcleo protónico central en una órbita o en órbitas muy similar después de la forma en la cuál los planetas circulan alrededor de nuestro sol. De nuevo, estos espacios en el átomo los cuales separan electrones del núcleo protónico, o electrón de electrón, son relativamente tan grandes como son los espacios que separan al planeta del planeta y el planeta del sol en nuestro propio sistema solar.

De esta manera ustedes ven que un átomo en su estructura y volumen es sobre todo llamado espacio vacío. Eso es lo que su materia es: su maravillosa materia "sólida," la más irreal, no sólida, insustancial, e ilusoria cosa sobre la cual la inteligencia humana siempre ha especulado.

¿Qué hay detrás o debajo de la materia, como su principio nouménico o causal? Esa es la pregunta a ser respondida. Pero este escritor, el Dr. Foster, en la página 37 de su libro, escribe como sigue:

Un átomo es por lo tanto en su mayor parte un vacío. Ha sido calculado que si el núcleo de un átomo de helio fuese representado por un chícharo, sus dos electrones planetarios pudiesen ser representados por dos chícharos un cuarto de milla de distancia. Imagínense que un pequeño demonio poseyendo visón infinitamente aguda está parado, pistola en mano, a una pulgada de un átomo. Ahora si el pequeño demonio dispara una pelota del tamaño de un electrón hacia el núcleo del átomo, hay apenas una posibilidad en un billón qué el pudiese pegarle al casi infinitamente pequeño blanco.
Como dijo Bertrand Russell, el electrón del átomo de hidrógeno va alrededor de su pequeñita órbita muy rápidamente, cubriendo, bajo condiciones normales, cerca de mil cuatrocientas millas por segundo, lo que significa que ¡debe de girar siete billones de veces en una millonésima de segundo! En otras palabras, ¡el electrón completa siete billones de sus años en una millonésima de segundo!

En otras palabras, siete cuatrillones de sus años en un segundo humano. Por todo lo que sabemos, en este corto espacio de tiempo un electrón planetario pudiese vivir el curso completo de su vida y entonces desvanecerse por un período de reposo equivalente, solamente para regresar de nuevo a continuar su curso cíclico alrededor del núcleo protónico. ¿Cómo sabemos nosotros que sobre estos cuerpos infinitesimales llamados electrones no pudiesen existir inteligencias infinitesimales, seres poseyendo voluntad y consciencia y sentimiento y todas las otras energías espirituales y facultades intelectuales y capacidades que nosotros los humanos tenemos, viven el curso de sus vidas en estos pequeños sistemas solares invisibles para nosotros en cuenta de lo grotesco de nuestro sentido de visión? Lo repito: ¿Cómo sabemos nosotros que entidades infinitesimales no pudiesen vivir y correr todos los cursos de sus vidas en esos espacios infinitesimales aún como nosotros lo hacemos en nuestra propia pisca de polvo, nuestro planeta Tierra, en esta parte pequeña de lo que nosotros llamamos los espacios cósmicos? El pensamiento es muy sugestivo: el átomo por un lado, compuesto de partes estructurales infinitesimales; y los espacios vastos que nuestra inteligencia y sentidos nos informan, de alguna manera, por el otro lado.

Cuán bien reconocemos la verdad del antiguo axioma Hermético: "Como es arriba es lo mismo como es abajo; y como es abajo es lo mismo como es arriba"; porque la naturaleza está gobernada por una conciencia universal toda penetrante, la cual, con el fin de darle un nombre la llamamos la conciencia cósmica; y sus operaciones y su esencia son lo mismo en todo y a través de todo, y por lo tanto sus leyes son las mismas a través de todo y en todos lados, y sus manifestaciones y los resultados de sus operaciones deben ser cuando menos cercanamente similares en todos lados en ambos grande y pequeño, en lo cósmico y en lo infinitesimal.

Eso es lo que la materia es. Es realmente sólo una ilusión. Como golpeo mi mano sobre el escritorio ante mí, escuchamos el sonido del golpe, y ambos la mano y el escritorio parecen bastante sólidos; pero ambos son realmente así llamados espacio vacío golpeando espacio vacío, y la repercusión, el ruido el cual ustedes escuchan, es un fenómeno electromagnético, como nuestros odios lo reciben.

Nosotros los teósofos así mismo, como los científicos ultramodernos, decimos que la base cuasi etérea de lo que nosotros llamamos materia es eléctrica en carácter; pero detrás de esta base, y debajo de ella, y más allá de ella, y sobre ella — utilicen cualquier palabra que deseen — existen vastos rangos de substancias y materias aún más etéreas, corriendo constantemente a través de etapas o escalas de vida hasta que nosotros alcancemos el espíritu y después el super espíritu y entonces Divinidad — ¿y después qué? Nosotros los humanos no lo sabemos. Todo lo que sabemos es que no existe razón para detenernos ahí; nuestra imaginación es incapaz de llevarnos más lejos, las alas de su visión no nos llevan más lejos en el Gran Misterio.

Pero con la constante expansión de la visión a medida que evolucionamos más, sabremos más: y lo más similar, lo más parecido, nos volvemos con la Divinidad dentro de nosotros. Así que el tiempo verdaderamente será, en los distantes lejanos eones del futuro, cuando confabulemos con los dioses.

¿Tiene la materia algún ser real per se, entonces? No.

"¿Qué es la fuerza o energía?" — la siguiente pregunta. Es eso lo cual produce la materia en un sentido; es la materia, porque la materia no es sino que otro término para la manifestación de la fuerza o energía. Pero ¿es la fuerza o energía algo de lo cual nosotros podemos saber un tanto por el estudio de la materia? Sí, hasta cierto punto, pero la fuerza o energía, y más empáticamente la fuerza física o energía, no es el objetivo final. La fuerza o energía es meramente materia eterizada o materia espiritualizada, sí ustedes desean ponerlo en esa forma; pero los teósofos prefieren ponerlo en la otra forma: la materia no es más que energía durmiente, fuerza latente, espíritu en esa particular fase o modo o evento de su ser eterno, manifestándose a sí misma en la forma de átomos infinitesimales los cuales en un sentido son realmente almas pequeñas, entidades aprendiendo, consagradas en crecimiento o seres evolucionando de los que preferimos de forma extraña llamar tamaño infinitesimal. Es tremendamente difícil encontrar las palabras correctas y apropiadas con las cuales arropar el pensamiento en asuntos tan abstractos y, para la mente Occidental, inusuales como los que estamos ahora discutiendo.

Nosotros los seres humanos no somos la única jerarquía de entidades auto-conscientes en este vasto universo. Permitámonos recordar esto y hacer lugar en nuestras mentes para la idea de vastas jerarquías de inteligencias y conciencias en todas las variedades de grados de desarrollo evolutivo. Sí existe una cosa acerca de teosofía, la cual, más que cualquier otra, es útil para nosotros, es que saca todo el egoísmo fuera de nosotros, y nos da paz y regocijo en el sentido de unidad con la vida universal.

"¿Las estrellas o soles y sus planteas, si los hay, llegan a ser fortuitamente o por casualidad, o existe una vida-esencia interna gobernando el curso total de sus existencias de principio a fin, como la religión dice es el caso del hombre y su así llamada alma?" Ciertamente la última. ¿Podrán ustedes decirme por favor, si esto no es así, que es fortuito o por casualidad? Puedo decirles lo que son, justo como ustedes me pueden decir lo que son, sí ustedes pausan a pensar un momento.

Cuando un hombre no sabe cómo algo ha sucedido, o cómo pasa, él dice que "sucedió," que eso llegó a través de la "casualidad." ¿Qué entonces es esta palabra casualidad? Es una palabra que muestra nuestra ignorancia. Nosotros estamos engañándonos a nosotros mismos con una palabra. Las estrellas y los soles y los planetas, los meteoros y la nébula, y todos los otros cuerpos celestiales, están regidos y gobernados por un alma cuya vida ardiente recorre a través de ellos como recorre a través de nosotros. Ellos están todos en diferentes etapas del progreso evolutivo o crecimiento, crecimiento cósmico, por eso ellos tienen sus ciclos también como nosotros los seres humanos los tenemos.

Ustedes recordaran las hermosas palabras de Virgilio, el poeta Latino, en su Eneida, libro VI, versos 724-727, como son traducidos por un poeta Inglés:

Conoce primero, el cielo, la tierra, lo fundamental,
La órbita de la pálida luna, el tren estrellado,
Son nutridos por un alma,
Una inteligencia brillante, cuya flama
Resplandece en cada miembro del marco,
Y remueve al todo poderoso.

La idea aquí no es que esta brillante inteligencia de alcance cósmico es lo que la mente occidental visualiza para sí misma cuando utiliza el término Dios. Por el bien de la verdad inmortal, amigos, no limitemos nuestra concepción de estos maravillosamente bellos pensamientos por una palabra como esa, con sus desafortunadas implicaciones occidentales de fantasías teológicas y populares. Mejor pensemos en la vida cósmica, en el espíritu cósmico, en esa gran inteligencia "cuya flama brilla en cada miembro del marco, y remueve al todo poderoso," aún cuando se ilumina el alma humana en cada uno de nosotros y nos mueve.

Miren a la belleza de la imagen que esto nos da a nosotros — un universo animado lleno al tope con inteligencias brillantes, lleno al tope con dioses, semidioses o medio-dioses, cuartos de dioses, por así decir, con seres esforzándose por ser dioses, como nosotros los humanos; y también esas entidades sublimes quienes pudiésemos llamar super dioses: y la escalera de vida alcanza a través de todos estos desde lo más elevado que podemos concebir hasta seres menores en inteligencia, menos evolucionados, abajo de los humanos, y por debajo de ellos.

Ya les he dicho frecuentemente desde esta plataforma lo que evolución en teosofía es, — sacar hacia afuera o desenvolver lo que está encerrado dentro de la entidad evolutiva. ¿Qué más puede desarrollar excepto lo que está dentro de ustedes mismos, o dentro de alguna otra entidad evolutiva? Ni ustedes ni eso pueden convertirse en cualquier cosa que no está latente en su interior o de eso. Eso es evolución como los teósofos la entendemos: no es la adición de algo dentro de ustedes desde el exterior, de la forma que un albañil pone un ladrillo en la pared; sino el sacar hacia afuera, la auto expresión, de poderes y facultades innatos dentro del espíritu.

En la apertura de mi lectura esta tarde hice la promesa que trataría de contestar a todas las preguntas en mi lista. He contestado muy brevemente ocho de ellas. Eso nos deja doce más aún por contestar, y como mi tiempo para esta tarde está ahora acercándose al cierre, antes de dejarlos les daré otro pensamiento acerca de este asunto de las estrellas y soles y demás, porque es muy interesante y les mostrará algunas de las bellezas de los lados más profundos de nuestra maravillosa filosofía teosófica — nuestra religión-filosofía-ciencia

Ustedes saben, supongo, que existen en los espacio cósmicos, lo que ahora ha sido reconocido ser nébulas oscuras por los astrónomos modernos. Estas así llamadas nébulas oscuras son nubes de materia cósmica, o nébulas que no están brillando, las cuales no son brillantes, pero que son oscuras — cuando menos ellas parecen ser oscuras en comparación con las nébulas brillantes y con los grupos dispersos de soles. Los astrónomos han fotografiado estas nébulas oscuras, las cuales cubren vastos estrechos, y ustedes pueden ver algunos de estos parches oscuros en la Vía Láctea.

Fue una prolongada costumbre en Inglaterra llamar a estos parches oscuros sacos de carbón, porque ellos son muy negros. A veces son de diferentes formas, más o menos redondas y algunas veces son estrechos de oscuridad en el cuerpo de la Vía Láctea; y cuando son fotografiadas parecen exactamente como robustas nubes negras y con apariencia de nube de tormenta. En realidad, son de una enorme extensión, espacialmente hablando, enormemente extensas, y probablemente porque esas en la Vía Láctea están más cerca de nosotros que las nébulas brillantes, ellas parecen ser mucho más extensas que lo que las nébulas brillantes son.

La teosofía les dirá que estas nébulas oscuras son, si pudiese utilizar la expresión, materia-madre — esa es una expresión la cual será fácilmente comprendida por ustedes. En las enseñanzas teosóficas existen actualmente dos clases de estas nébulas oscuras, una clase la cual está en el principio del desarrollo evolutivo cósmico y representa lo que nosotros pudiésemos llamar materia primordial, materia en su más alto estado. Esta materia no es substancia espiritual, sino un estado intermedio entre substancia espiritual la cual es el origen de las cosas, y la burda, materia física.

Por lo tanto pudiésemos propiamente llamar a esta primera clase de nébula oscura estrechos de materia-madre o materia primordial. También pudiésemos también quizás llamarles materia en un estado de disociación, o materia en la cual los átomos componentes existen en forma desvinculada.

Ahora, esta primera clase de nébula oscura comprende nébulas las cuales son muy jóvenes cósmicamente hablando, en el sentido de desarrollo de mundos a ser, porque ellas están en su camino en el proceso de hacer mundos. Las nébulas brillantes son etapas mucho más avanzadas en el proceso de hacer soles y mundos.

La segunda clase de nébulas oscuras están en el otro lado del desarrollo evolutivo: ellas son las que pudiésemos llamar polvo cósmico — polvo de los cementerios cósmicos, si pudiésemos expresarlo así. Y probablemente la mayoría de las nébulas oscuras o así llamadas sacos de carbón en la Vía Láctea pertenecen a esta segunda clase.

¿Cómo sabían los antiguos acerca de estas nébulas oscuras — un descubrimiento de muy recientes años? Permítanme leerles algo. He traducido un pasaje extremadamente interesante de un antiguo trabajo Hindú, el cual es conocido en la lengua Sánscrita como el Manava-Dharma-Sastra, usualmente traducido como las Escrituras de Manu. Manu se supone haber sido, en tiempos muy lejanos, un sabio Hindú de un grado muy elevado. En el primer libro de este arcaico trabajo sánscrito, versos 5, 6, 7, 8, 9, y 10 están como siguen — y puedo decir de pasada que es muy difícil traducir estos pensamientos antiguos al lenguaje moderno de nuestros tiempos, primero porque las palabras son inusuales, y segundo porque los pensamientos son nuevos para nosotros, con nuestras sofisticadas mentes Occidentales; pero he hecho mi mejor esfuerzo y ahora leeré mi traducción a ustedes.

"Este universo físico fue hecho en el reposo de la oscuridad, indistinguible, sin sus formas características; inconcebible, irreconocible, como si estuviese totalmente sumergido en un profundo sueño." (5)

(Asid idam tamobhutam aprajnatam alakshanam: apratarkyam avijneyam prasuptamiva sarvatah.) (5)

Aquí encontramos, precisamente, lo que la teosofía también nos dice. Las nébulas oscuras de las primeras clases son aquí referidas, y ellas son, como justo he dicho, materia-madre, la cual en un sentido pudiésemos también llamarlas materia durmiente o materia latente: materia en sus primeros comienzos de las cosas antes de que su ciclo llegue a despertar hacia una pronunciada, actividad manifestada.

"De ahí la auto-realización, celestial, no manifestada, de poder cíclico, manifestando este universo físico, los elementos y lo demás, llegan, desvaneciendo la oscuridad. (6)

"Ese, para ser percibido por las facultades que trascendiendo los sentidos, sutil, no manifestado, antiguo, consistiendo de todos los seres y cosas, impensable, brillando verdaderamente de sí mismo. (7)

"Es — Swayambhur- sumergido en pensamiento profundo, deseoso de engendrar de su propio cuerpo, envió todas y varias progenies: hacia estos envía semillas. (8)

"Eso se convierte en un huevo dorado, brillando miles de rayos. En este — huevo- se reproduce a sí mismo, antecesor a todo el mundo y los seres. (9)

"Lo que esa causa fue, no manifestada, continua, ambas lo ilusorio y lo real, de eso llegó la Individualidad, llamada por el hombre Brahma-Expansor." [El Alma auto-expandible] (10)

Tatah Swayambhur bhagavan avyakto vyanjayann idam: mahabhutadi vrittaujah pradur asit tamonudah. (6)
Yo 'sav atindriyagrahyah sukshmo 'vyaktah sanatanah: sarvabhutamayo 'chintyah: sa eva swayamudbabhau. (7)
So 'bhidhyaya sariratswat sisrikshur vividhah prajah apa eva sasarjadau: tasu bijam avasrijat. (8)
Tad andam abhavaddhaimam sahasransusamaprabham. Tasminjajne swayam brahma sarvalokapitamahah. (9)
Yattatkaranam avyaktam nityam sadasadatmakam takvisrishtah sa purusho: loke brahmeti kirttyate. (10)

Es muy sorprendente que en este extracto, aunque está escrito en un estilo de edad pasada, pudiésemos ver el proceso completo de la evolución cósmica subrayado en unas pocas líneas. ¿Cómo estos antiguos sabían que el comienzo de las cosas fue la "oscuridad"?

Los Hebreos también lo enseñaron, pero en un muy pequeño y restringido punto de vista, de estos asuntos, prácticamente las mismas ideas; y permitámonos recordar que los Hebreos fueron una pequeña población en el distrito de Hither en Asia. "La oscuridad estaba sobre la faz de la profundidad. Y el Espíritu de Elohim se movió sobre la faz de las aguas." Entonces la luz llegó.

Mi tiempo de cerrar esta tarde ha llegado ahora. Trataré en mi próxima lectura en el siguiente domingo interesarlos más allá contestando algunas o todas las otras preguntas que tengo en mi lista; y trataré de hacerlo así con el mismo deseo ferviente de iluminar y ayudar que he sentido hoy. Les doy las gracias a los amables amigos quienes han enviado estas preguntas. No se de donde la mayoría de ellas viene, pero personalmente las he encontrado muy interesantes, y pudiese también agregar que he aprendido mucho por haberlas estudiado.  


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