Preguntas Que Todos Hacemos por G. de Purucker

Theosophical University Press En Línea


Vol. 1 No. 6 (5 de Noviembre de 1929)

ALGUNAS PREGUNTAS QUE LOS ADULTOS HACEN

¿Por qué las personas hacen preguntas? Porque quieren saber algo. ¿Y por qué quieren saber? Porque tienen algo dentro de ellas que está deseoso de conscientemente re-aliarse así mismo con los cimientos del universo — la verdad. Si no tuviéramos dentro de nosotros este instinto divino, esta hambre divina e instinto hacia la verdad, jamás preguntaríamos nada en absoluto. Debemos ser como la piedra sin sentidos o, quizás, no teniendo un espíritu de curiosidad divina que puede ser expresado por las preguntas mudas de las bestias.

El hacer preguntas, preguntas serias, es un atributo que pertenece a la parte espiritual del ser del hombre, y es, en un sentido, la voz de su naturaleza más elevada intentando expresarse a través de la naturaleza intermedia y de la mente-cerebro, la naturaleza intermedia siendo comúnmente llamada el alma humana; y este intento para expresar la conciencia divina-espiritual de nosotros a través de esta naturaleza psíquica o intermedia, y a través de este último vehículo, el cuerpo físico, estimula esta última o parte intermedia de nosotros hacia una actitud o modo interrogante.

La psicología espiritual de este proceso es más bien difícil de comprender por uno quien no haya profundamente pensado sobre el asunto, no obstante lo que he dicho es una explicación exacta, aunque imperfectamente desarrollada aquí, de lo que se lleva a cabo en la constitución humana.

Nosotros preguntamos: ¿Quién soy yo? ¿Qué soy yo? ¿De dónde soy yo? ¿A dónde voy yo? ¿Por qué estoy yo aquí? ¿Qué es la vida? ¿Cuál es el propósito de la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Cuál es el propósito de la muerte? ¿Qué son la confianza, el amor, la amistad, el auto-sacrificio, las aspiraciones, la esperanza y la dicha? Todas estas preguntas y muchas más como estas, surgen de las energías divinas en nuestras partes más profundas buscando expresión a través del vehículo intermedio el cual, sintiendo la afluencia y estimulado de ellas, automáticamente asume un modo o actitud interrogante.

Es una cosa asombrosa que tantas mentes humanas pensantes a través de las épocas se han preguntado a ellas mismas: ¿Existe un alma? ¿Existe algo más de mí que el cuerpo físico? Mientras que sólo tienen que examinarse ellos mismos cada uno a sí mismo, para encontrar la respuesta escrita a lo largo de su propia naturaleza y constitución.

No teniendo esta hambre divina por conocimiento, no teniendo este urgente instinto interior, no teniendo estas aspiraciones por conocimiento, será una dirección indefinida a la cual ir en pensamiento para entenderse a ustedes mismos y al universo en el que viven y del cual son una parte inseparable.

¿Comprenden el sentido de mi pensamiento? El sentido es que estos impulsos internos, irresistibles en sus fuerzas e incesantes, son la prueba de una naturaleza interna, popularmente llamada el alma, en busca de sí misma, y por tanto probando que esa cosa existe; porque la naturaleza nunca se engaña a sí misma. Sí no existieran cosas más elevadas que lo físico, no existiría la urgencia hacia cosas más elevadas, porque la naturaleza no podría tener una urgencia hacia algo que no existe. Esta actitud de cuestionamiento, este anhelo o hambre por conocimiento, son pruebas de la existencia de una naturaleza espiritual interna.

Saben quizás que nosotros los occidentales somos los peores psicólogos que la raza humana ha sacado en los tiempos históricos. No sabemos nada acerca de lo que la psicología realmente es. Nuestra idea Occidental de psicología es una clase de fisiología sublimada, algo concerniente completamente, totalmente, enteramente, al cuerpo físico y las energías las cuales lo mueven; mientras que el cuerpo físico es sólo una expresión y también el vehículo de estas internas energías y poderes espirituales y psicológicos, las cuales juegan a través de él, y ¡ay! con frecuencia lo desbaratan y le traen dolor y pena, tan paradójicamente como suena. La luz del sol, por ejemplo, es una cosa gloriosamente hermosa, pero demasiada luz del sol en el tiempo equivocado y en el lugar equivocado pueden provocar enfermedad tan fácilmente como la privación de la luz del sol. La salud es armonía y ajuste al medio ambiente y la coordinación de las relaciones del individuo hacia el Todo, y en donde hay desarmonía y falta de coordinación y fracaso en los ajustes, entonces lo que es llamado enfermedad resulta.

Así entonces, el hacer preguntas, aún en su forma más vulgar, la de la mera curiosidad, prueba la existencia de un instinto divino por algo más grande que las cosas que el cerebro físico llega a conocer a su alrededor. El anhelo por conocimiento es un anhelo elevado. De ahí, cuando recibo preguntas similares a esas que he recibido durante las últimas dos o tres semanas, es extremadamente interesante para mí ver el sentido mental o la tendencia de las mentes las cuales hicieron estas preguntas; y curiosamente, la mayoría de ellas tienden más o menos en la misma dirección. La gente quiere saber quiénes son y que son, y de dónde vienen, y para qué es la vida, y preguntas de grandes problemas similares a estos.

No he recibido una simple pregunta que no sirva para nada, ni una simple duda que no sirva para nada. No he recibido una simple pregunta como por ejemplo, ¿cómo hacer dinero rápidamente, o qué clase de esposo debería de buscar? o ¿Con qué clase de esposa me debo casar? Y cosas por el estilo. Es bastante absurdo para cualquier hombre o mujer sensible, joven o vieja, hacer preguntas de ese tipo, las cuales un hombre o mujer de capacidades normales ¡deberían solucionar por él mismo o por ella misma!

En elaborando preguntas de ese tipo a cualquier conferencista público, deben recordar que él meramente les dirá en una respuesta lo que él mismo se le ocurra pensar acerca de las cosas, y nada más; y si él mismo no comprende, ¿cómo puede él comprenderlos y dirigir sus vidas?

Pero preguntas de gran interés, preguntas de alcance amplio y general, preguntas que muestran que el interrogante ha profundizado, en sus pensamientos, hacia la misma estructura del universo, que está en lo más interno de lo más interno de todos nosotros: estas son preguntas que pueden ser respondidas, y contestadas por cualquiera quien ha desarrollado lo suficiente para comprenderse un tanto a sí mismo, y además estas son las preguntas que los grandes videntes y sabios de las épocas han contestado por completo, y es solo aquí que el hambre verdadera por el conocimiento del corazón humano yace.

Al abordar la serie de preguntas las cuales espero contestar hoy, primero las leeré todas:

Todos los hombres le temen a la muerte, excepto los sabios, aquellos quienes saben. ¿Es este miedo un instinto, un instinto común, algo nativo al corazón humano, algo que se manifiesta porque es una verdad, y por lo tanto debe ser temido por nosotros? ¡Nunca! El miedo es una cosa irracional tanto como irrazonable, y usualmente existe en las mentes y corazones humanos los cuales están más o menos subdesarrollados en la línea particular en donde el miedo yace. El conocimiento mata al miedo. Existen hombres que temen las inversiones en los negocios. Tales miedos muestran ignorancia y debilidad; ellos no muestran conocimiento y fortaleza, porque el hombre con conocimiento y fortaleza es exitoso en los negocios como en otras cosas, y con frecuencia exitoso sin importar frecuentemente los severos golpes del destino kármico, y siempre tiene éxito al final.

Muerte. ¡Ó hermosa, sublime muerte, el más grande y más amoroso cambio que el corazón de la naturaleza tiene en reserva para nosotros! Lo que realmente es doloroso es la pérdida de nuestra presencia física hacia aquellos quienes dejamos detrás. Eso en sí es el dolor y la agonía de la muerte, pero no para aquellos quienes mueren, sino para aquellos quienes se quedan detrás. Pero en sí misma, si nosotros pobres corazones humanos solamente conociésemos la verdad, haríamos lo que ciertas gentes antiguas hicieron: nos pondríamos vestiduras blancas de gozo, y nuestras caras serían iluminadas con esperanza impronunciable, con el conocimiento no solamente de que todo eso está bien, sino que ese quien ha muerto ha entrado en las sublimes escenas de una más larga y mucho más grande vida.

La muerte es cambio, así como nacer a través de la reencarnación, la cual es la muerte para el alma, es cambio; y no hay diferencia — y por favor tomen estas palabras de la sabiduría antigua literalmente — no existe diferencia entre la muerte, así llamada, y vida, así llamada, porque ellas son una. El cambio es hacia otra fase de vida. La muerte es una fase de vida, así como la vida es una fase de la muerte. Como Pablo de los Cristianos dijo: "Muero diariamente"; y como un teósofo podría decir: yo muero constantemente, muero todo el tiempo. No soy lo que fui cuando era un pequeño niño, ni tampoco seré lo que soy ahora cuando sea un hombre de más edad. La muerte es cambio. Algunos optimistas le llaman libertad. Bien, sí, si ustedes están en una cama de dolor y sufriendo, es por supuesto una libertad del dolor y sufrimiento.

Oh, existe tanto que pudiese decirles acerca de la muerte. La muerte no es algo para estar atemorizado. Permítanme decirles como los antiguos la miraban. Encarnación en un cuerpo físico — reencarnación en un cuerpo físico — es "la muerte" para la entidad que reencarna. Y cuando este cuerpo, este vehículo, esta lámpara conteniendo la llama inmortal, muere, se quiebra en sus partes constituyentes, es renacimiento para la conciencia — el pensamiento, la esperanza, la aspiración, nuestro amoroso corazón, el centro de nosotros. La muerte es tan natural, la muerte es sencilla, la muerte misma es indolora, la muerte misma es hermosa, como el crecimiento de una flor amorosa.

¿Quisieran ustedes que les describiera el proceso de la muerte? Me tomaría una o dos o tres horas, pero brevemente, ningún hombre, ningún ser humano, nunca muere completamente inconsciente. El cuerpo puede estar quieto, el corazón puede haber cesado de latir, el tren de pensamiento de recolección, de todo lo que la entidad que departe ha pasado, está en su tránsito a través del cerebro; pero la muerte no ha todavía pasado, y el agonizante está consciente, consciente aún de lo que se lleva a cabo alrededor de la cama. Esa conciencia es hermosa. Existe una cognición de lo que está llegando, existe una realización de lo que está pasando. Existe un reconocimiento de lo que sabía antes. Existe una promesa brillante de lo que está por venir. Estos son los pensamientos y sentimientos del moribundo.

Por lo tanto, como uno de nuestros grandes maestros nos ha dicho, guarden silencio, estense quietos, todos ustedes quienes asisten al moribundo en su lecho de muerte; así que la entidad que pasa hacia la promesa más brillante, hacia la más amorosa e impronunciable paz, pudiese dejar su tren de pensamiento intocable por cualquier cosa de la tierra. ¡Estén quietos! Cruel es el llanto para el moribundo, crueles son cualquier exhibiciones de sufrimiento y dolor. Sabios en verdad fueron las antiguas gentes, quienes usaron prendas de vestir blancas como la nieve y con caras jubilosas saludaron al sol naciente. ¡Pase adelante! ¡Pase adelante!

Eso es muerte, literalmente no poéticamente, por favor. Muchos de ustedes quienes han estado en el lecho de alguien a quien amaron, y quien se ha marchado y han tenido esa experiencia, sabrán, si ustedes han sido perspicaces y observadores que lo que he dicho es verdad.

Existen algunos lechos de muertes que son dolorosos. No he hablado de estos, porque son dolorosos. Ellos son los fallecimientos de aquellos quienes han vivido equivocadamente, y sólo porque han vivido equivocadamente la separación de la entidad que pasa de las cosas de la tierra y materia es difícil.

Esa es la base, en parte, de las enseñanzas de los sabios de todas las épocas que el vivir correctamente es vivir sabiamente. La muerte no es nada para estar atemorizado. Nuestros corazones van en la más tierna compasión hacia aquellos quienes están desconsolados, porque, amigos — y pudiese decir camaradas, en pensamiento cuando menos — aquellos quienes aman al fallecido, aquellos quienes son dejados detrás, quienes sienten el desgarre de la separación personal. Estos son quienes merecen nuestra simpatía, estos son quienes debieran de ser consolados.

La muerte es hermosa. Es el pasar hacia otra fase de vida. ¿Puedo ir un paso más allá? Es el pasar hacia una vida de conciencia, después de un tiempo de dormir y reposo, que es más real de lo que es esta vida física terrestre; porque los velos de la materia son más delgados, las capas de substancia material no son tan gruesas como aquí. El ojo del espíritu ve más claro. Pero la vida en los reinos y esferas más allá es precisamente como es esta vida, haciendo los cambios apropiados — por utilizar una frase en latín, mutatis mutandis, con los cambios necesarios de circunstancia, tiempo y ocasión.

Por favor tomen esta declaración literalmente. Ustedes conocen el antiguo axioma hermético, el maravilloso dicho de los sabios ancestrales: "Como es arriba" — significando las esferas espirituales, y aquí señalamos hacia arriba, lo cual es meramente un ademán simbólico- "es lo mismo como lo que es las esferas materiales abajo; y lo que es aquí abajo es lo mismo como es arriba." La muerte nos libera de un mundo, y pasamos a través de los portales de cambio hacia otro mundo, precisamente lo inverso se lleva a cabo cuando el alma encarnada deja los reinos de éter más fino para venir abajo a nuestra más densa y material vida terrestre hacia el cuerpo pesado de materia física.

Los mundos internos para la entidad que pasa a través de ellos, como ha pasado a través de este mundo, son tan reales — más reales de hecho — que el nuestro es, porque está más cerca de ellos. Son más etéreos, y por lo tanto están más cerca de lo etéreo del peregrino eterno pasando a través de otra fase en su eterno viaje hacia la perfección; y estos cambios tienen lugar uno tras otro, antes de la siguiente encarnación en la rueda de regreso del ciclo; el peregrino pasando desde una esfera hacia otra a través de los siglos giratorios, siempre yendo más alto, eso es decir, a reinos superiores, hasta la cima de ese ciclo individual — iba a emplear la palabra transmigración, pero sabía que iba ser mal interpretado, porque no la uso en el sentido acostumbrado — hasta que se alcanza el punto más alto del ciclo de viaje del peregrino en particular.

Entonces entran en escena las atracciones de los reinos más bajos hacia los cuales las partes más bajas del peregrino son nativas, a las cuales aún tienen vínculos psicomagnéticos; y estas atracciones finalmente lo jalan hacia abajo hacia un nuevo ciclo de manifestación en los reinos más bajos. Esta nuestra propia tierra es el punto más bajo en el ciclo del progreso de la evolución humana; por lo tanto "liberar" si desean, muerte para utilizar el término adecuado, es un avance hacia arriba. Muerte es el portal a través del cual el peregrino entra a la fase más elevada.

Ustedes preguntan, quizás: ¿Todos los seres humanos siguen este camino? Normalmente, sí; algunos pocos, no. ¿Quiénes son estos pocos, las excepciones? Ellos son los grandes seres, los grandes videntes y sabios de los tiempos, quienes vienen al mundo no por su propio bien, porque ellos han aprendido casi todo lo que este mundo les pueda enseñar; ellos vienen al mundo como salvadores de sus prójimos. Ellos han consagrado sus vidas al servicio de los demás, para enseñar a otros quienes saben menos que ellos y están menos avanzados en el camino del progreso.

Con estos grandes seres el cambio de cuerpo es una cosa diferente. El cuerpo, aún el de estos grandes seres, con el tiempo se desgasta. Sus fuentes latentes de vitalidad son agotadas, y ellos entonces cambian un cuerpo como un hombre ordinario se pondría otro traje de ropas — a voluntad y cuando ellos lo deseen, como ellos lo deseen y donde lo deseen.

La muerte es la entrada hacia la paz impronunciable; y con la partida de los grandes seres, de los héroes de la raza, la paz es de corta duración; porque es renunciada deliberadamente, aún como nuestra gran maestra Katherine Tingley, quién recientemente murió, ha entrado en su impronunciable paz ahí, y después regresará para tomar nuevamente el trabajo sublime. Nosotros quienes la amábamos sostenemos testimonio de su vida y su trabajo.

¿Es el suicidio siempre permisible?

Nunca. ¿Y por qué nunca? Porque es un acto de cobardía. Suicidio significa el tomar deliberadamente nuestra propia vida para escapar las consecuencias de lo que uno ha ganado; y si algún hombre o mujer piensa que él puede engañar a la naturaleza en ese sentido, erra grandemente. Le agrega a la carga pesada que tiene que llevar en el futuro; y lo que le espera en el otro lado lo dejaré sin decir. Él ha deliberadamente forzado la mano de la naturaleza, por así decir; él ha deliberadamente ejercitado su propia fuerza de voluntad y conciencia por un nefasto hecho en una forma antinatural, y hecho un acto el cual la naturaleza, a través de sus infalibles leyes, no ha producido ella misma; y cuando ustedes quiebran la ley de la naturaleza, ¿qué sucede? En el suicidio ustedes rompen una de las leyes fundamentales de la naturaleza, y ahí tienen ustedes su respuesta. Estudien nuestros libros teosóficos. No tengo tiempo esta tarde para entrar en los detalles de esto. Estudien nuestros libros teosóficos, repito, traten de comprender la maravillosa filosofía de vida que ustedes encontraran ahí. Ahí descubrirán argumentos, frases, exposiciones, con respecto a esta materia del suicidio, y lo que le pasa al desafortunado infeliz quien se suicida.

¿Es un hombre quién deliberadamente da su vida por otro, por un alto y noble e impersonal final, un suicida?

No lo es. Un hombre que salta al agua para salvar a un ser humano, y quién muere en el intento: ¿lo llamarían ustedes un suicidio, desde la verdadera definición que justo les he dado? Obviamente no. ¿En dónde está la cobardía en ese acto heroico? Él ha obedecido una de las leyes fundamentales de la naturaleza la cual dice que nosotros estamos todos entretejidos juntos con vínculos inquebrantables los cuales nada pude dividir, y es nuestro deber ayudarnos mutuamente unos a otros en todas las circunstancias y todos los tiempos. Ahí está la belleza del auto-sacrificio, ceder nuestra vida por otra. Como el Nuevo Testamento Cristiano noblemente lo pone, "Nadie tiene mayor amor que el hombre que da su vida por su amigo."

Y en lo que concierne a dar uno su propia vida deliberadamente por un final noble e impersonal, la verdad es la misma. Un hombre, por ejemplo, quien consagra su vida para el servicio de otros, y muere en el intento por alguna enfermedad — fatal, dolorosa, prolongada- que él así de esa manera haya contraído, ¿comete él suicidio? ¡Los dioses inmortales, no! Él es un héroe y su recompensa será grande.

Saben ustedes, por supuesto, que las crónicas de la historia nos dicen que un gran número de los antiguos, muchos de ellos grandes hombres, deliberadamente cometieron suicidio, y hubieron también algunas celebridades filosóficas, entre ellos, hombres de capacidad y poder real, quienes se suicidaron; y aún hoy, entre uno o dos de los pueblos Orientales, es considerado un honor el suicidio bajo ciertas circunstancias, dar uno su propia vida individualmente, no en masa, sino que individualmente, en la teoría que por hacerlo así se ofrecen ustedes mismos como un sacrificio para el bienestar de sus países en tiempos de peligro. Estoy pensando en la idea Japonesa; y al hablar de los antiguos hace un momento estaba pensando en la idea Griega y Romana.

¿Es tal auto-asesinato realmente un suicidio? No creo que lo sea totalmente. Estoy seguro, sin embargo, que aún aquí es totalmente equivocado auto-matarse uno mismo en tal forma, sin embargo no es completamente un suicidio. Es un error de juicio y sentimiento, pero el motivo no es cobardía y es hermoso. No existe nada cobarde acerca de eso, tiene en sí un toque impersonal de heroísmo, porque es impersonal y hecho por los demás; no obstante está hecho bajo una idea totalmente equivocada. Lo contrario es lo mejor: ¡vivir por su país! ¡Vivir para pelar la batalla de la vida! Pero nosotros admiramos, no obstante, el espíritu del heroísmo, aún y cuando lo creamos ser inapropiado, aún y cuando lo reprochemos.

¿Los teósofos aprueban el matrimonio?

Ha habido muchas veces en mi vida cuando he pensado que el matrimonio era un tipo de suicidio. Pero no estoy tan seguro, porque he visto demasiados matrimonios maravillosos. De cualquier manera lo considero un acto de heroísmo — ¡para ambos!

Los teósofos más ciertamente aprueban el matrimonio, así decididamente. El único problema es que demasiados matrimonios, como nuestra finada maestra de gran corazón, Katherine Tingley, dijo demasiadas veces desde esta misma plataforma, son "meramente farsas." El matrimonio en sí mismo es maravilloso; el principio es sagrado; y si el verdadero matrimonio se lleva a cabo, la vida es santificada para aquellos dos corazones humanos. ¿Pero todos los matrimonios son así? Ese es otro asunto. ¡Oh, las vidas descarriladas!

El matrimonio en mi mente — y soy un soltero: no tengo ningún derecho para hablar acerca de eso; no he tenido experiencia personal en eso: y por lo tanto meramente les daré mis creencias acerca de eso brevemente — es un problema muy serio. Creo que los jóvenes comúnmente se casan demasiado temprano y que la gente mayor tiene mayor oportunidad de felicidad; y tengo una opinión que los más amorosos matrimonios son aquellos que se llevan a cabo cuando uno no es joven porque entonces uno se conoce a uno mismo. Creo que un tiempo largo debería transcurrir entre la primera vez que conocemos a una persona y el matrimonio. Esto sin lugar a dudas debiera parecer muy difícil para la gente joven. Los hilos del corazón son arrancados muy a la fuerza con lo que es llamado amor; y aún así es amor — algunas veces; y el amor verdadero es maravilloso; es sagrado.

Pero, en la otra mano, aquellos quienes no se casan por amor, por ningún apego puramente impersonal, sino por ideas erróneas de romance la cual es una de las enfermedades mentales de los más jóvenes — eso no es amor para nada, eso es meramente una noción de lo que el amor debiese ser, y la noción es con frecuencia distorsionada. Yo les digo que tales seres no saben lo que el amor verdadero es.

El verdadero amor es tan impersonal que nunca se piensa en sí mismo. Es tan impersonal que solo piensa en el otro ser todo el tiempo. Aquí está la más grande prueba de todas, como yo, un malhumorado viejo solterón, lo ve: el corazón verdaderamente amoroso renunciará a todo amor por el amor de otro y tenderá el sacrificio sobre el altar y encontrará gozo en la entrega. ¿Pueden ustedes amar en esa forma? Entonces les digo que se merecen la confianza para hacer ustedes mismos un feliz matrimonio.

¿Ven ustedes la razón porque en mi juicio de soltero la gente muy joven no debería de casarse? Ellos no se conocen a ellos mismos. ¡Cuánto se arrepentirán cuando sean más viejos, si ellos encuentran que han cometido un error! Cuanto mejor es esperar un poquito y pensar y reflexionar. ¡Pausar! La gran injusticia no es hacia ustedes mismos, es hacia el otro; pero el dolor más grande es para ustedes. Eso es lo que creo como un teósofo acerca del matrimonio.

Algunos de mis amigos me han llamado enemigo de mujeres, simplemente porque nunca me casé. Yo no soy un enemigo de mujeres. Tengo la más grande admiración por el otro sexo — a una distancia especialmente; simplemente porque les temo. Se del encanto que una buena mujer tiene. Se como me ha atraído; y por tanto digo que tengo la más grande admiración por eso — a una distancia. Ahí estoy a salvo.

Aquí está una pregunta muy profunda:

¿Sufrimos siempre injustamente? Sí es así, ¿cómo explica su doctrina teosófica del karma?

Sí, sufrimos injustamente algunas veces. "Sí es así, ¿cómo explican ustedes su doctrina teosófica del karma?," la cual nos dice que no hay nada injusto en el universo, que todo lo que sucede es una consecuencia natural de una cosa y de cosas que fueron antes, el fruto natural de los propios actos individuales de uno, y nada más.

Ustedes saben, esta antinomia, esta aparente contradicción, surge del hecho, como he dicho antes, que nosotros los occidentales no estamos acostumbrados a la psicología verdadera. No sabemos lo que es, porque no tenemos una psicología verdadera. Lo que es llamado psicología en las universidades, es mayormente pura tontería, noventa y nueve por ciento imaginación, y el otro uno por ciento hechos médicos.

Pero la psicología en su significado esencial, como la ciencia de la constitución del hombre, y el trabajo e interacción del hombre espiritual jugando a través de ella, de esa línea de pensamiento el Occidente no sabe nada, excepto las pocas cosas que todos saben y que les dan largos nombres griegos y latinos frecuentemente. Sí supiésemos una mejor psicología nos deberíamos dar cuenta, primero, que todo lo que llega a nosotros, justo o injusto, viene a nosotros porque fuimos originalmente la causa de eso, y de ahí somos los individuos a los que esas cosas vienen naturalmente atraídas de regreso.

Pero, supongan que, estando en una posición de responsabilidad — y esto ilustrará mi punto — tomo para mi mismo la carga de otros: no tomar la carga de sus hombros, sino en un sentido místico y simbólico hacer más de lo que debería considerarse una tarea bien hecha de un buen hombre: deliberadamente renunciar a todo, y entregarme a los demás; trae hacia mí, como un amortiguador o escudo, los golpes del destino a fin de que otros pudiesen ser salvados. En tal caso, deliberadamente utilizo mi poder de voluntad, mi energía, mi inteligencia, mi conciencia, para hacer esto, y el sufrimiento que es natural que debe de seguir es injusto en el sentido que no lo he ganado por ninguna acción de maldad; pero lo he traído a mí no obstante. La ley karmica opera justo igual, pero es, repito, injusto en el sentido que la personalidad presente con la cual vivo y a través de la cual trabajo no es moralmente responsable por el sufrimiento que sigue.

¿Ven ustedes la distinción que estoy tratando de hacer? En una mano suicidio, un cobarde y enclenque; y en la otra mano el hombre quien ofrece su vida por su hermano gustosa y voluntariosamente, porque lo ama; el último da su propia vida con el fin que el otro pueda vivir, mientras que el otro da su propia vida con el fin de poder escapar las consecuencias que él piensa sus propios actos de maldad traen a él. El caso de auto-sacrificio y de resignación y de llevar a su corazón lo que no propiamente pertenece ahí, en otras palabras el acto del héroe, fue hecho deliberadamente por el ejercicio de la voluntad.

El sufrimiento, sea lo que sea, fue injusto, para usar el lenguaje popular, y sin embargo ocurrió. Aquí está el espíritu de todos los grandes sabios y videntes. Es también el espíritu de los tres Líderes del Movimiento Teosófico, el gran corazón Fundador, H. P. Blavatsky, William Q. Judge el Poseedor, y ella que acaba de pasar hacia su impronunciable paz, Katherine Tingley, a quien siempre he amado llamarle Gran Corazón.

Estas son tres hermosas vidas, llevando hacia ellas mismas los golpes y sacudidas que fueron apuntadas al noble trabajo que amaron y por el cual dieron todo. Existe gran nobleza de alma; existe belleza del alma; ahí ustedes encontrarán fortaleza heroica.

Con frecuencia he visto sufrir a Katherine Tingley; con frecuencia he visto resistir la agonía y dolor (siendo un ser humano) de los golpes que fueron apuntados a la Sociedad y al trabajo que ella tanto amó — incomprendida, injuriada por los tontos, ¡ay! quienes no sabían (y por lo tanto no les juzgo), llevando la carga de un organización mundial por la cual ella dio todo lo que ella era y tenía, y hacia su ferviente pecho recibió todos los golpes y sacudidas — algo así como el héroe Suizo del tiempo medieval, Arnold von Winkelried.

Saben la historia de la batalla de Sempach entre los suizos y los austriacos. Este devoto caballero suizo, con el fin de hacer un camino a través de la pared sólida de las lanzas austriacas, se apresuró hacia adelante, y juntó tantas de ellas como pudo en su propio pecho, abrió el camino a sus compatriotas para entrar en la apertura de este modo creada por su sacrificio. Como un hombre de descendencia alemana y de origen austriaco yo mismo, ofrezco tributo a este noble caballero Suizo.

Esto es lo que nuestros maestros y líderes teósofos han hecho. Ahí es donde ustedes encontrarán sufrimiento "injusto" porque no es merecido. Pero ¡oh que impronunciable recompensa obtienen por el heroísmo así manifestado!

Cuando ustedes piensan en las vidas de Buddha y de Jesús llamado Cristos, y de los otros grandes sabios y videntes como ellos, ahí en las vidas de ellos encontrarán lecciones de heroísmo sin paralelo, y encontrarán cosas que les darán alivio y consuelo en tiempos de estrés y problemas — si, ¡la paz, y la felicidad, y la sabiduría!


No. 7

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