Theosophical University Press Online Edition

EVOLUCIÓN & CREACIÓN
Una Síntesis Teosófica

por W. T. S. Thackara

Un Libro de la Biblioteca Sunrise

Traducido del inglés por José Mauricio Sánchez. © 2006 por Theosophical University Press. Todos los derechos, incluyendo el derecho de reproducción en todo, en parte, o en cualquier otra forma, están reservados a través de tratados Internacionales y Panamericanos.

La Primera Edición © 2004 Theosophical University Press (también se dispone de la versión impresa). Su versión electrónica es ISBN 987-1-55700-186-3. Esta edición puede ser descargada, libre de honorarios, para el propósito de examinarla cuando no se esté conectado a Internet. Con la excepción de breves extractos para evaluaciones sobre el tema, ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida o transmitida para usos comerciales, o para cualquier otro uso de cualquier forma, o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, de fotocopia, de grabación, o de cualquier otra índole, sin el permiso previo de Theosophical University Press.


Aplicando la interrogante tan discutida: "¿Ha sido el universo inteligentemente diseñado?," este folleto preliminar examina problemas críticos, tanto en la teoría darviniana como en la teología creacionista, tales como: la complejidad orgánica y el origen de la vida; la relación entre la consciencia y la materia; quién o qué es Dios; diseño, desigualdad e imperfección; y el origen y evolución del hombre. La discusión re-examina esos temas a la luz de la investigación científica moderna y de los conceptos teosóficos básicos que constituyen las razones fundamentales de las tradiciones religiosas universales — lo cual sugiere que existe una medianía común que reconcilia la intuición espiritual con el conocimiento científico.

Contenido

Prefacio

Capítulo 1: ¿Diseño Inteligente?

Capítulo 2: La "Medianía Excluida"

Capítulo 3: Una Síntesis Teosófica



Prefacio

[Evolución & Creación fue publicada originalmente en 2003 como una serie de artículos en tres partes en la Revista Sunrise, y está reproducida — a continuación — en una versión ligeramente revisada. Publicada desde 1951 "para un mejor entendimiento entre todos los pueblos," Sunrise continúa ofreciendo perspectivas teosóficas en una gama muy amplia de temas religiosos, filosóficos y científicos, con sus consiguientes aplicaciones en la vida diaria. Para aquellos que son principiantes dentro de los conceptos teosóficos, o para con Sunrise, los comentarios siguientes del editor-fundador, James A. Long (1898-1971), podrían ser muy útiles, y son tan aplicables actualmente como cuando fueron escritos, hace aproximadamente cincuenta años. — W. T. S. T.]

Sunrise no nació con el propósito de "vender" una idea, o una teoría, sino con la esperanza sincera para aquellos que buscan poder encontrar un medio serio de intercambio mediante el cual — juntos — podríamos explorar todos esos conceptos básicos y permanentes que han sido el baluarte espiritual a través de todos los tiempos. Después de todo, las civilizaciones crecen y se vuelven fuertes y grandiosas a consecuencia de la expansión de la consciencia; de la misma manera, las civilizaciones caen y entran en decadencia a consecuencia de la retracción de la consciencia. Es la imparcialidad — cualquiera que sea la fe o la filosofía, la creencia o la incredulidad — lo que asegurará la salud espiritual de la humanidad.

Durante muchos años hemos discutido muchos temas comunes acerca de la mayoría de las escrituras sagradas. Alguien podría preguntarse: ¿Cuál es, precisamente, el valor de saber acerca de todas estas cosas? ¿Nos ayudan a vivir mejor, más importante aun, nos dará fuerza y visión para satisfacer las demandas de esta era compleja? Perderíamos completamente la oportunidad si nos permitimos involucrarnos únicamente en el encanto intelectual que ciertos aspectos de estas tradiciones antiguas tienen, porque ese no es el propósito. Las sagradas escrituras no fueron preservadas para la posteridad únicamente para estimular las inquietudes intelectuales. Se han revelado periódicamente, edad tras edad, porque detrás de cada aspecto de los funcionamientos universales, existe un concepto ético que debemos, no solamente reconocer, sino ejemplificar con nuestras vidas cotidianas.

Y todo esto pone de manifiesto la tragedia de que, por muchos siglos, no hemos buscado una visión más amplia, no solamente de la estructura del universo, sino más enfáticamente, del asiento de la humanidad — único, pero natural — dentro de un modelo mayor del destino. Nos hemos acostumbrado a considerar, mediante una educación errónea, que somos gusanos de polvo, no dioses potenciales. No se nos ha enseñado acerca de la cooperación natural que existe en todos los reinos, tanto arriba como abajo de los humanos, y que el reino humano debe descubrir las formas y medios para convertirse, en su tiempo, en un cooperador consciente con la naturaleza. En pocas palabras, no hemos sido educados para entender y trabajar con la realidad de que la fraternidad es la naturaleza en acción, y que [recíprocamente] la naturaleza es fraternidad. Una vez los pueblos del mundo eliminen el separatismo, que naturalmente rompe en pedazos a la humanidad, y trabajen verdaderamente con la realidad de la fraternidad, encontraremos que no se necesita un tiempo muy distante en el cual podamos prever una paz y concordia factibles entre los diferentes, pero no separados, pueblos del planeta.

La estructura de las tradiciones antiguas se compone de la filosofía más profunda y de la ética más pura. En el núcleo de todo está la divinidad — adentro, afuera, arriba, abajo. Lo que la divinidad busca es expresión que pueda enriquecer el medioambiente en el cual su influencia se proyecta. En el diseño prolongado de la evolución existe una ley, o costumbre, de la naturaleza, la cual es constante — la ley de acción y reacción, de causa y efecto. Al observar cómo trabaja esta ley, intuimos a "una divinidad que moldea nuestras formas finales," y nos damos cuenta, entonces, de cómo las experiencias que enfrentamos día tras día, año con año, son señales directrices que el alma requiere para su evolución. Solamente tenemos que observar hacia "el tazón invertido de la noche," tal y como Omar Khayyan le llamó, para ver esa armonía que allí existe, y para reconocer que cada uno de nosotros no solamente tiene el potencial, sino también la obligación sublime de convertirse en un obrero consciente en el campo de la iluminación humana. — JAMES A. LONG


 

Capítulo 1

¿Diseño Inteligente?

Detrás y en el fondo de cualquier discusión acerca de la evolución y la creación, existe una pregunta que nos conduce al verdadero núcleo de la filosofía. ¿Por qué, después de todo, existe un universo? Verdaderamente, nuestras respuestas reflejan y definen el significado y la dirección de nuestras vidas; y ellas son importantes porque nuestras creencias afectan también, a las vidas de los demás. Fundamentalmente, la creación y la evolución tratan acerca de nuestros orígenes y ascendencias, como también acerca de quiénes somos, y hacia dónde nos dirigimos. Aunque mucha gente no ve la incompatibilidad, la creación y la evolución han venido a representar dos antagónicas y mutuamente exclusivistas cosmovisiones, en gran parte, debido a definiciones restrictivas, y/o razonamientos, y a presunciones tácitamente aceptadas. A la evolución generalmente se le compara con el darvinismo; a la creación, con el creacionismo bíblico; una es física; la otra, metafísica, y nunca las dos podrían conciliarse. Este razonamiento se ha vuelto tan habitual que no podemos darnos cuenta de lo mucho que estrecha a nuestra percepción y a nuestro entendimiento; ni que el rechazo de una de ellas implique la adopción de la otra. Como el matemático y crítico de Darwin, David Berlinski, escribió: "No es necesario escoger entre doctrinas. La alternativa racional a la teoría de Darwin es la duda inteligente." ("The Deniable Darwin," Letters, 1996).

También existen otras alternativas razonables, lo que hace recordarnos del comentario de Allan Bloom en The Closing of the American Mind: "La tiranía más exitosa no es aquella que emplea fuerza para asegurarse uniformidad, sino la que remueve el conocimiento de otras posibilidades, aquella que hace que parezcan inconcebibles otros medios que son viables." Los medios modernos de comunicación, la educación pública, Internet, han disminuido masivamente el poder de las viejas tiranías; pero para las ortodoxias reinantes los desafíos seguirán siendo siempre desagradables. Lo cual se aplica al nuevo movimiento de diseño inteligente, el cual presenta un caso persuasivo en contra de las explicaciones darvinianas acerca de cómo vinimos a aparecer. Y debido a que esto lo han originado científicos competentes y muy acreditados, muchos críticos — cautelosos de las intrusiones teológicas — lo califican como "creacionismo a escondidas," y lo que pudo haber sido una colaboración mutuamente beneficiosa, se ha vuelto, otra vez, adversaria.

Como el concepto de diseño inteligente no es nada nuevo — se encuentra en la filosofía antigua y, virtualmente, en toda tradición espiritual — los escritores modernos señalan hacia el clérigo británico William Paley, quien, en 1802, le dio una impresionante fuerza intelectual al argumento. Tal y como inferimos de lo complejo de encontrar un reloj en el bosque, el cual fue diseñado y fabricado por alguien inteligente, y quien tuvo un propósito claro en mente, igualmente podemos inferir del diseño y propósito de muchos ejemplos de estructuras y funciones complejas en la naturaleza. Diseño implica a un diseñador inteligente. Paley argumentó que ningún animal u hombre puede diseñarse por sí mismo, lo que significaría poder actuar antes de existir, ¿Quién, entonces, podría ser el diseñador universal, sino Dios? (Natural Theology, p. 412). Esto permanece como un argumento convincente para muchos; pero porque Paley lo gravó con suposiciones teológicas discutibles y con algunos ejemplos pobres de la naturaleza, el argumento fue criticado y, finalmente, perdió aceptación. Veamos: si está comprobado que Dios es bueno debido a la naturaleza beneficiosa de sus invenciones, es razonable preguntar ¿Por qué existen las imperfecciones y "los diseños debajo de lo óptimo" en la naturaleza? ¿Por qué crear un mundo que produce enfermedades, deformidades y muerte dentro de una lucha ferozmente competitiva por la vida? Cualquier teoría o hipótesis que proponga diseño inteligente necesita estudiar estas preguntas, aunque deba desechar suposiciones cariñosamente aceptadas acerca del diseñador y el proceso por medio del cual se hacen las cosas. Pero no necesitamos rechazar la inferencia o el concepto de diseño debido a argumentos defectuosos. Lo mismo se aplica a la evolución, la cual, quizá y más que todo, ha demostrado relaciones de afinidad y de unidad de vida ausentes de nociones de creación especial, en las que todo género o especie nace mediante un místico acto separado de la voluntad de Dios.

El concepto de evolución — el cual sencillamente significa "desarrollo" en el sentido de cambio y progreso a través del tiempo — también ha sido parte de la herencia intelectual de la humanidad desde el principio del registro de la historia. El mecanismo o proceso de cómo las cosas entran en existencia, y de cómo cambian, es lo que se discute. El mismo Darwin reconoció dificultades mayores en su teoría que, aun hoy en día — a pesar de protestas, negativas y muchísimos más términos poco amables — permanecen inexplicados: discontinuidad de los fósiles, límites híbridos, órganos complejos, el mecanismo del instinto y, quizá el mayor misterio de todos, de cómo "la más sencilla" de las células auto-reproductoras entra en existencia.* Darwin no especuló públicamente acerca del origen de la vida, sino que, anticipándose a la bioquímica moderna, le escribió a su amigo, Joseph Hooker, en 1871, que "alguna charca tibia" podría haber proporcionado los químicos y el medioambiente necesario para proveer un pie firme.

*Compare "Difficulties on Theory" y los capítulos siguientes en su Origin of Species.

En su enunciado más sencillo, la síntesis neo-darviniana toma como hipótesis el origen por modificación: que la selección natural que actúa sobre las mutaciones genéticas es suficiente para producir la diversidad de criaturas sobre la tierra. Ninguna fuerza guía o principio creativo se requieren, ninguna intervención metafísica es necesaria; y para muchos darvinistas, no hay propósitos o fines esenciales hacia los cuales la evolución se dirige. Para ellos, la evolución ocurre fortuitamente dentro de las fuerzas físicas existentes. Las especies descienden y se diversifican de antepasados comunes, algunos sobreviven por períodos largos, otros no tienen éxito en la lucha por la vida; y todos, finalmente, serán extinguidos cuando al sol se le acabe la energía y el universo "comience su entropía" debido a la muerte de su calor, o a que colapse mediante una gran crisis. Lo que la ciencia evolutiva moderna nos dice, de acuerdo al biólogo darvinista William B. Provine, es que "no existen dioses, ni propósitos, ni fuerzas con objetivos definidos de ninguna clase. No existe vida después de la muerte. Cuando yo muera, estoy absolutamente seguro que voy a estar muerto. Ese es mi final. No existe base esencial para la ética, ni significado fundamental para la vida, como tampoco libre albedrío para los humanos." (Stanford University debate, 1994).

Por causa, principalmente, de estas conclusiones nada prometedoras y de la negación del alma, es que tanta gente se ha opuesto a la cosmovisión darviniana. Pero una mayoría de científicos y educadores están persuadidos que ella explica el desarrollo de la vida sobre la tierra, y muchos de ellos presionan intensamente para que sea enseñada en las escuelas públicas como una teoría demostrada, con la exclusión, no solamente de cualquier otra teoría o hipótesis, sino — para evitar darle cabida a los creacionistas — de cualquier discusión crítica en lo absoluto.

Sin embargo y justo desde el principio, científicos serios han criticado la teoría de Darwin. Veamos: en 1871, el zoólogo, St. George Jackson Mivart preguntó si la selección natural podría explicar las etapas incipientes de las estructuras útiles como las alas — ¿Cómo, por ejemplo, la naturaleza desarrolla y escoge como reproductivamente ventajosa a un ala parcial e impráctica? Steven J. Gould, en 1985, admitió esto como "la piedra principal de tropiezo que queda entre los escudriñadores serios y amistosos del darvinismo actual." En 1877, el antropólogo Armand de Quatrefages, al elogiar a Darwin por "una teoría completa y sistemática," dijo que él "no encontró ninguna dificultad en reconocer el punto en el cual el eminente autor abandona el terreno de la realidad cuando ingresa en esa hipótesis inadmisible." Poniéndose de acuerdo con Darwin en que la selección resulta de la lucha por la existencia (aunque él creyó que "eliminación" era un término más exacto), de Quatrefages enérgicamente discrepó en que esos dos factores tengan "la facultad de modificar a los seres organizados en forma indefinida en una dirección determinada, de tal manera que los descendientes directos de una especie formaran otra especie distinta de la primera." Darwin, escribió él, no tuvo una idea clara de la diferencia entre especies y variedades entre especies, y como consecuencia, confunde la fuerza preservativa de selección natural, la que favorece a las variedades aptas y saludables, con la capacidad de producir nuevas especies. Al citar los límites híbridos, la discontinuidad en los fósiles y la estasis de las especies, de Quatrefages reiteró que "los fenómenos que producen son muy diferentes de aquellos que preservan." (The Human Species, pp. 92-103).

Este concepto fue adoptado después de casi un siglo, por el zoólogo y ex-presidente de la Academia Francesa de las Ciencias, Pierre-P. Grassé, quien escribió en su Evolution of Living Organisms (1973): "Variar y evolucionar son dos conceptos diferentes; esto nunca podría ser suficientemente enfatizado." Aun con las extensiones importantes a la teoría provista por la genética y la bioquímica modernas, Grassé sostiene que:

las doctrinas explicativas de la evolución biológica no resisten a una crítica objetiva y profunda. Prueban estar, ya sea en conflicto con la realidad o, más aun, incapaces de resolver los problemas mayores envueltos . . .
Mediante el uso y el abuso de postulados escondidos, de audaces y, a menudo, infundadas extrapolaciones, una pseudo-ciencia ha sido creada. Está arraigándose en el verdadero núcleo de la biología, lleva por mal camino a muchos bioquímicos y biólogos, quienes sinceramente creen que la exactitud de los conceptos fundamentales ha sido demostrada, lo cual no es el caso . . .
El código de conducta, ese que el naturalista deseando entender el problema de la evolución debe adoptar, es adherirse a los hechos y eliminar a priori todas las ideas y dogmas, que los hechos deben estar en primer plano, y después, las teorías . . . En efecto, los mejores estudios sobre la evolución los han llevado a cabo los biólogos que no están cegados por las doctrinas y quienes observan fríamente a los hechos sin considerar si ellos están de acuerdo, o no, con sus teorías. Hoy en día, nuestra obligación es destruir el mito de la evolución, la cual es considerada como un fenómeno sencillo, entendido y explicado, la cual la mantiene desarrollándose rápidamente frente a nosotros. Los biólogos deben ser animados a pensar en las debilidades de las interpretaciones y extrapolaciones que los teóricos proponen o asientan como verdades establecidas. El engaño es, a veces, inconsciente; pero no siempre, debido a que alguna gente, por su sectarismo y a propósito, pasan por alto la realidad y rechazan el reconocer las insuficiencias y la falsedad de sus creencias. — pp. 202, 6, 8

Esta crítica enérgica resumió una creciente oleada de descontento por los demás envueltos en una variedad de disciplinas, que incluye a la paleontología, la bioquímica, las matemáticas y la física. La ausencia de fósiles de transición sutilmente clasificada, fundamentalmente condujo a Steven Gould a rechazar al darvinismo como libro de texto acertadamente aniquilado y a proponer, junto a Niles Eldredge, en 1972, la teoría del "Punctuated Equilibrium" (Equilibrio Interrumpido), la cual postula la formación de una nueva especie en el curso de la evolución a partir de cambios rápidos en los medioambientes remotos y protegidos, seguida por períodos largos de estasis. En 1985, el biólogo Michael J. Denton, publicó Evolution: A Theory in Crisis, el cual estudia las principales críticas científicas de la teoría darviniana, sustentando que estructuras y sistemas complejos de influencia recíproca no pueden surgir de la mutación y de la selección únicamente. Un año después, el profesor de química, Robert Shapiro, publicó Origins, una crítica escéptica que comprende desde el líquido alimenticio hasta la célula, y otras teorías de biogénesis, exponiendo la enorme brecha entre la química precursora y el micro-universo de la célula aun más sencilla que es capaz de auto-replicarse. En los primeros años de la década de 1990, el profesor de leyes, Phillip E. Johnson — así como el abogado Norman Macbeth lo había hecho antes que él (Darwin Retried, 1971) — sometió a la teoría darviniana a las reglas de la evidencia y la lógica en su libro Darwin on Trial, solamente para reforzar las críticas científicas.

Después de clasificar completamente los argumentos y las refutaciones, quizá el problema más persistente para la teoría darviniana y uno de los más resistentes a las explicaciones puramente físicas, es la aparición del diseño en la naturaleza. Grassé tambien había alcanzado la misma conclusión:

La evolución, un fenómeno dirigido, no se sustenta meramente mediante las variaciones hereditarias fortuitas, clasificadas por una selección que opera para el bien de una población . . .
Cualquier sistema que pretenda representar a la evolución debe invocar a un mecanismo que no sea mutacionista y aleatorio (fortuito) . . .Los esfuerzos unidos de la paleontología y la biología molecular; esta última, despojada de sus dogmas, deberían conducir al descubrimiento del mecanismo exacto de la evolución, posiblemente sin revelarnos las causas de las orientaciones de linajes, de las finalidades de las estructuras, de las funciones de vida, y de los ciclos. Talvez en esta área, la biología no pueda ir más lejos: lo demás es metafísica. — pp.245-6

Dentro de un macronivel, el físico Paul Davies afirmó un concepto similar en Cosmic Blueprint (1988):

El verdadero hecho de que el universo sea creativo, de que las leyes hayan permitido estructuras complejas para que surjan y se desarrollen hasta obtener consciencia — en otras palabras, de que el universo se haya organizado su propia consciencia — es para mí una evidencia convincente de que "algo avanza" detrás de todo. La impresión del diseño es arrolladora. — p. 203

Dos años después de la publicación del libro de Denton, el bioquímico Michael Behe lo leyó y se separó, creyendo que él, como muchos otros profesionales, habían sido engañados por la teoría darviniana — y ese "engaño," dijo Steven Gould, "es, regularmente, para siempre." Behe, también, había cuestionado, o examinado, las premisas, los supuestos y el poder explicativo de la teoría. Él pasó a considerar los problemas evolutivos en su propio terreno, y comenzó a darse cuenta que las estructuras biológicas, como las del flagelo bacteriano — el filamento rotatorio como cola que impulsa a la célula — eran en realidad, máquinas moleculares que requieren muchas y diferentes moléculas, pero a la vez, integradas, para funcionar. Si una parte esencial le falta a la estructura, ésta deja de funcionar — lo que llevó a Behe a concluir que muchos de esos sistemas moleculares son "irreductiblemente complejos," y desafían no solamente a la interpretación darviniana, sino también a cualquier teoría que invoque diseño inteligente. En Darwin's Black Box (1996), Behe no propone un mecanismo de diseño, ni especula sobre la naturaleza y motivos del diseñador implicado, pero desconocido. Él, sencilla y efectivamente, ilustra la asombrosa complejidad de la naturaleza con diversos ejemplos detallados a nivel bioquímico — síntesis molecular, construcción y función ciliar, la coagulación del torrente sanguíneo, la química de la visión, el transporte proteínico celular — y pregunta si es todavía razonable concluir que estos ejemplos, evolucionados fortuitamente bajo principios de gradación no dirigidos, cambian*: "los obstáculos científicos discutidos [aquí], sirven como ejemplos sin adornos de las montañas y abismos que bloquean una explicación darviniana" (p. 161).

*El tema sobre síntesis molecular del que habla Behe — el cual no es irreductiblemente un proceso complejo — indica el problema al nivel más básico de bioquímica. La molécula relativamente"sencilla," MPA, es una forma elemental de adenina, y constituye uno de los cuatro componentes básicos de los nucleótidos, o eslabones de las cadenas de ARN y ADN. MPA se ensambla a partir de treinta y tres átomos de cinco clases diferentes: hidrógeno, carbono, oxígeno, nitrógeno y fósforo. Como la mayoría de los átomos no están esparcidos libremente, como partes que esperan ser ensamblados, estos componentes deben ser, primero, extraídos de otras moléculas; y después, re-ensamblados en tal forma que las reacciones de interacción no destruyan el proceso. Trece pasos instrumentados en forma secuencial se requieren para realizar la síntesis de PMA, trabajo que es efectuado por doce enzimas diferentes — cada una de las cuales también necesita ser sintetizada a fin de catalizar los cambios. Poniendo esto en perspectiva, una macromolécula ARN celular se extiende desde, aproximadamente, 70 hasta 50 000 nucleótidos, en longitud; mientras que una macromolécula AND sencilla se extiende desde varios millares hasta, aproximadamente, un billón de nucleótidos, en longitud.

Y ellas causan la pregunta desalentadora: ¿Cómo podrían estas enormemente complejas trayectorias metabólicas y estos sistemas bioquímicos haber evolucionado? Aun si la selección natural pudiera operar de algún modo en la variación a nivel molecular — Behe, teóricos del "movimiento genético" y otros, la rebaten como la causa primaria de la evolución — ¿Existe alguna teoría basada en lo fortuito que sea suficiente para explicar la aparición y la diversidad de la vida auto-sustentada? ¿No es suficientemente razonable recurrir a lo que el matemático William A. Dembski denomina "Inferencia de Diseño" —que [sostiene que] las estructuras de la naturaleza manifiestan un nivel especificativo de complejidad a partir del cual el diseño inteligente debe ser concluido?

Tomándolo en conjunto, estos son argumentos convincentes y, en vista de ellos, la teoría darvinista comienza a parecerse a la física newtoniana, la cual explica y predice fenómenos a un nivel, pero falla cuando se aplica a otros. Algunos biólogos evolucionistas, como Lynn Margulis, ya han escrito acerca del darvinismo en la misma forma en que los historiadores lo hicieron del universo egocéntrico de Ptolomeo: mientras que podría parecer que explica unos pocos fenómenos evolutivos, fundamentalmente es defectuosa. "El neo-darvinismo, en la perspectiva de Gaian, debe ser intelectualmente desechado como una secta inferior del siglo XX dentro de la persuasión desmadejada de la biología anglo-sajona." (Slanted Truths, 1997, p. 281). Sin embargo, hoy en día permanece como el modelo científico abrumadoramente dominante.

Una teoría verdaderamente exhaustiva sobre orígenes y ascendencia requiere un alcance más extenso que incluya no solamente a la bioquímica y a la biología, sino también que dé cuenta acerca del origen y desarrollo de la consciencia, su relación con la fuerza y la esencia, y el surgimiento de organismos pensantes, conscientes de sí mismos, como usted y yo. En la física y la cosmología, los límites tradicionales que separan la ciencia y la religión (o física y metafísica), se están reduciendo rápidamente a medida que la recopilación de datos de observación y las matemáticas obligan a nuevas teorías radicales. En un poco más de un siglo, la física se ha extendido desde los principios newtonianos que describen y predicen el movimiento de los planetas, o de una pelota de béisbol, hasta la dinámica quántica relativista que explica las partículas y los quarkos*; y desde allí, hasta las teorías, como la de cuerdas, que proponen una substancia más fundamental que la de los quarkos; la cual tiene auto-movimientos en determinadas formas como "campos energéticos abstractos," y tienen la propiedad de ocupar, al menos, seis dimensiones escondidas y "compactas" dentro de nuestras conocidas cuatro dimensiones de espacio y tiempo. Y al presente, existe la teoría M (que significa Matriz, Madre, u obscuro — Murky, en inglés — dependiendo de su perspectiva), la cual espera unificar a todas las fuerzas, incluyendo a la gravedad y a la energía obscura† (muchas veces denominada "quintaesencia").

*[Componentes que se pretende conforman a las partículas elementales. —Tr.]
†[Energía obscura: energía oculta o secreta, energía en la ausencia de la luz. —Tr.]

En el nivel cósmico, el descubrimiento en 1929 por Edwin Hubble del desplazamiento rojo,* condujo al desarrollo de la teoría de la gran explosión. Inspirado por nuevos datos de observación y las estipulaciones de las matemáticas y la física quántica, la teoría de la inflación fue propuesta como una modificación por Alan Guth, del Instituto Tecnológico de Massachussets, en la década de 1980; y los cosmólogos están, hoy en día, considerando seriamente, un número de teorías de "universos múltiples" para explicar el origen y desarrollo de nuestro propio hogar cósmico. De acuerdo a Guth, en una entrevista con el New York Times, "Inflación obliga mucho más a la idea de múltiples universos sobre nosotros" (octubre 29, 2002). Una teoría interesante de universos cíclicos fue propuesta en 2002 por el astrofísico, Paul J, Steinhardt (Princeton) y Neil Turok (Cambridge). Apoyado sobre la teoría M, ella postula que:

*[El desplazamiento, en retirada, del espectro hacia longitudes de onda mayores dentro de la luz que proviene de galaxias distantes, etc. —Tr.]
el espacio y el tiempo existen para siempre. La gran explosión no es el comienzo del tiempo. Más bien, es un puente hacia la era de contracción pre-existente [ubicado en medio de una extra-dimensión del espacio]. El Universo experimenta una secuencia interminable de ciclos en la que se contrae dentro de una gran crisis, y reaparece dentro de una gran explosión expansiva, con trillones de años de evolución en el medio. La temperatura y la densidad del universo no se vuelven infinitas en ningún momento del ciclo; en realidad, ellas nunca exceden un límite finito (aproximadamente un trillón de trillones de grados) . . . Las simientes para la formación de galaxias fueron creadas mediante inestabilidades que surgen a medida el Universo estaba colapsando frente a una gran crisis, anterior a nuestra gran explosión. — "The Endless Universe," feynman.princeton.edu/~steinh/cyclintro/index.html

Aunque los múltiples marcos hipotéticos actuales pretenden resolver muchos problemas teóricos de la gran explosión, especialmente el misterio de su origen y causa, los científicos permanecen divididos sobre la cuestión del diseño. ¿Podría una explicación cosmogónica basada sólo en la física dar la razón para todo? ¿O deben invocarse los factores metafísicos — extendiéndose desde un principio director de la naturaleza humana, el cual, de alguna forma, conduce al universo a producir vida y seres pensantes y conscientes de sí mismos, hasta una teoría elaborada de diseño inteligente? De esta forma, la investigación y el diálogo continúan.

Si el universo ha sido diseñado, podríamos preguntarnos: ¿Quién, o qué, es el diseñador desconocido? Destacados teóricos de diseño, aunque generalmente se auto-limitan a las pruebas de diseño y a un diseñador, no a la existencia de Dios, proponen, con todo, al teísmo cristiano como una "inferencia con la mejor explicación" — teísmo, tomando el concepto de Dios como el Ser superior y creador de todas las cosas, quien trasciende, pero permanece inmanente en el mundo.* Pero, ¿Es esta la mejor explicación en cuanto que ella es acosada por los problemas insolubles de la imperfección, la disparidad, y la injusticia? Como sucede con el argumento teológico de Paley, los fracasos y errores evidentes en la naturaleza causan la otra pregunta: ¿Ha sido diseñado el universo inteligentemente? ¿O fue concebido, quizá, por un comité, o por muchos diseñadores que incluye a arquitectos y constructores, como un modelo de trabajo en proceso?†

*Science and Evidence for Design in the Universe, Ignatius Press, 2000, pp. 15, 226-32.
†Por más de veinte años antes del libro de Paley, el argumento del diseño, como una prueba de la existencia de Dios, fue críticamente escrudiñado en Dialogues Concerning Natural Religion, por el filósofo empírico y escéptico inglés David Hume. Aunque Hume demostró las dificultades insuperables planteadas por los conceptos teístas de una Deidad completamente perfecta y benévola; no obstante, él dejó la puerta abierta para que cierta clase de diseño resolviera en "algo sencillo, aunque de alguna forma ambigua y, al menos, como una proposición indefinida, que la causa de las causas del orden en el universo probablemente tuviese alguna analogía remota a la de la inteligencia humana." (Part XII — énfasis de Hume)

Una teoría de diseñador múltiple no es tan inverosímil como podría parecer; no solamente ha sido seriamente propuesta por unos pocos del movimiento del diseño inteligente para explicar la imperfección; ella es, en realidad, un concepto fundamental (aunque a veces, oculto), tanto en la tradición espiritual Oriental como en la Occidental, incluyendo a la Judea-cristiana. El término "Dios," en la primera línea de Génesis, por ejemplo, es una traducción en singular del pronombre plural elohim, el cual, en su origen politeísta como también en su tradición universal, representa a una colectividad de poderes creativos — el plural de la traducción de un poder real, que conste. Y Dios/elohim dijo, en el sexto "día," o período de actividad creativa: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza (véase más adelante, el Capítulo 3). En las escrituras hindúes, la historia es pública: Brahma, el aspecto manifiesto de Brahman, quien, a su vez, existe dentro de Parabrahman ("Eso que está más allá de Brahman"), crea y evoluciona al universo desde su propia consciencia-energía- substancia con la asistencia de sus diez hijos nacidos de la mente, a quienes les dice: "De ahora en adelante, ustedes deben producir a todas las criaturas, como también a los dioses, demonios, y a los seres humanos." (Matsya Purana 3:1-47).

El testimonio de la historia y el sentido común nos dicen que los primeros capítulos de Génesis, y las historias de la creación de, virtualmente, toda tradición espiritual, tienen la intención de que sean entendidos alegóricamente. Si no tenemos las claves para sus interpretaciones, quizás se deba a que ellas han sido encubiertas persistentemente, olvidadas, suprimidas, o mantenidas secretas, o que no las hemos buscado. Un lugar para empezar la búsqueda — y una solución al problema del diseño — se sugiere en la siguiente sección de Isis sin Velo de H. P. Blavatsky, escrito en 1877, cuando el dominante pensamiento occidental sostenía que los átomos eran indivisibles, la Vía Láctea era el único universo, el cristianismo era la única religión verdadera; y Dios, el único diseñador posible, quien creó todo de la nada. Refiriéndose a la tradición primordial, a la teosofía o sabiduría divina, común a todas las religiones, H. P. Blavatsky escribe:

Así, la doctrina esotérica enseña, lo mismo que lo hace el budismo y el brahmanismo, y aun más, la perseguida Kabala [judía], que la única Esencia infinita y desconocida se manifiesta activamente en determinado período de tiempo para restuitirse después a su pasiva inmanifestación. En la fraseología poética de Manú, a estas condiciones se les denomina "el día" y "la noche" de Brahma [cada una comprendiendo 4.32 billones de años]. Esto último es, o "despierto" o "dormido" . . . Los budistas sostienen que no existe Creador, sino una infinidad de poderes creativos, sintetizados colectivamente en la eterna Substancia de inescrutable naturaleza — y por lo tanto, inaccesible a las especulaciones filosóficas . . . Cuando se inaugura un período activo, dice la Doctrina Secreta, ocurre una expansión desde adentro hacia fuera de esta esencia Divina en obediencia a la ley eterna e inmutable, y el universo fenomenal o visible es el resultado final de la gran cadena de fuerzas cósmicas, puestas, así, progresivamente en movimiento. De igual manera, cuando la condición pasiva se reanuda, una contracción de la esencia Divina ocurre, y el trabajo anterior de la creación es, gradual y progresivamente, deshecho. El universo visible se desintegra; su material es esparcido; y "la obscuridad," solitaria y sola, medita tristemente, una vez más, sobre la faz del "abismo." Para usar una metáfora que expresa la idea aun más claramente, una exhalación de la "esencia desconocida" produce el mundo; y una inhalación causa que desaparezca. Este proceso ha estado ocurriendo desde toda la eternidad, y nuestro universo no es sino uno de una serie infinita, la cual no tiene principio ni tendrá final. — 2:264-5

La convergencia de la cosmología moderna con estas ideas antiguas, juntamente con la inferencia de la evolución creativa, proveen evidencia impresionante de que allí han estado aquellos que, a través de toda la historia y tendiendo puentes sobre los mundos de la física y la metafísica con extraordinaria revelación, han entendido el modelo básico de vida. Igual que la deducción del diseño, sus existencias podrían ser intuidas e inferidas, porque la filosofía de ellos es de antecedentes y cuentas intensivas con la historia y la naturaleza — un tema que será considerado de inmediato, juntamente con la desatendida, y a veces excluida, cuestión de la consciencia.


 

Capítulo 2

La "Medianía Excluida"

Esas facultades que nos capacitan a trascender el tiempo y el espacio, y a darnos cuenta de los conceptos maravillosos de las matemáticas y la filosofía, o que nos dan un deseo intenso por la verdad abstracta . . . son evidentemente esenciales para el desarrollo perfecto del hombre como ser espiritual, pero son totalmente inconcebibles que hayan sido producidas mediante la acción de una ley [la selección natural], la que sólo busca, y solamente eso puede buscar, el bienestar material inmediato del individuo o de la raza.
La deducción que yo obtendría de esta clase de fenómenos es que una inteligencia superior ha guiado el desarrollo del hombre en una dirección definida, y con un propósito especial, . . . por lo tanto, debemos admitir la posibilidad de que, si no somos las inteligencias más altas del universo, alguna más alta podría haber dirigido el proceso por el cual la raza humana se ha desarrollado, por mediaciones más sutiles de las que nos hemos enterado. — ALFRED RUSSEL WALLACE, "The Limits of Natural Selection."
*En Contributions to the Theory of Natural Selection, London, 1870, pp. 358-9. Wallace es mejor conocido por proponer independientemente una teoría de selección natural, la cual estimuló a Charles Darwin a escribir y publicar su Origin of Species (1859). Sus ideas fueron conjuntamente presentadas a la Linnean Society el 1º de julio de 1858.

En abril del 2001, la Radio Pública Nacional difundió un programa anunciado como "Evolución versus Diseño Inteligente," durante el cual una persona, por teléfono, hizo ver una y/o la otra naturaleza de la controversia. Él observó que allí parecía haber una "medianía excluida . . . excluida por una gran mayoría de la gente que discute esto." La frase es apropiada, no solamente porque a la evolución y al diseño inteligente se les ha reconocido como temas mutuamente exclusivistas, sino también debido a sus puntos alternativos de vista, como los que Wallace había vuelto insignificantes o pasados por alto. Especialmente en el debate público, los conceptos fundamentales de la evolución y la creación son frecuentemente redefinidos, clasificados erróneamente y estereotipados en tal forma que — repitiendo las palabras de Allan Bloom — "hace que parezcan inconcebibles otros medios que son viables."

Por ejemplo, en noviembre del 2002, la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia anunció una resolución "que urgía a los legisladores políticos a oponerse a la enseñanza de la 'Teoría del Diseño Inteligente' en los salones de clase de ciencia, y aun mejor, mantenerla separada en la misma forma en que el creacionismo y otras enseñanzas religiosas son corrientemente manejadas." Dos días más tarde, el astrónomo y físico, Lawrence Krauss, expresando una opinión ampliamente aceptada en su apoyo, dijo que "el diseño inteligente, de acuerdo con todas las normas objetivas, no tiene nada que ver con la ciencia." El problema con este punto de vista exclusivista es que barre una cuestión que tiene todo para ser compartido con la ciencia. Porque la pregunta: "¿ha sido diseñado el universo?," es una que se hace con respecto al conocimiento — no a la filosofía o a la religión, que son, no obstante, materias cercanamente relacionadas. Cuando un arqueólogo deduce una actividad inteligente de las vasijas y de los terraplenes circulares prehistóricos, y desde esa recolección de datos infiere algo respecto a sus diseñadores, el arqueólogo está comprometido en una búsqueda científica. A menos que redefinamos el concepto de ciencia, no es menos científico buscar conocimientos respecto a si la inteligencia impulsa al universo. Poniendo a un lado todas las suposiciones y las preferencias, esta es una de las cuestiones científicas más importantes que podríamos preguntar porque, al igual que con la cuestión de la existencia, la forma en que contestemos influirá profundamente en todos nosotros.

*National Public Radio, "Talk of the Nation/Science," Friday Nov. 8, 2002.

En el Capítulo 1 vimos que, tanto la teoría darviniana como el teísmo cristiano, poseen problemas insolubles, los cuales solamente profundizan el misterio de nuestro origen y ascendencia; y que además, evolución y darvinismo no son términos equivalentes, como tampoco diseño inteligente es sinónimo de creacionismo, o incompatible con la evolución. Sin embargo, estos estereotipos engañosos se han repetido tan frecuentemente que la discusión pública, en su mayor parte, ha sido incapaz de apartarse del palco a fin de considerar a la evolución y a la creación desde otras perspectivas científicas y religiosas.

Talvez la mejor línea prometedora de investigación que conduzca a revelaciones más amplias, sería la de la consciencia. Esto es, en cierto modo, debido a que el diseño inteligente implica un alto orden de consciencia, de que desde allí ha habido renovado interés en la cuestión, aunque la consciencia también posee desafíos fundamentales de investigación. Debido a su innata naturaleza subjetiva, la consciencia no se somete fácilmente a los protocolos usuales de la ciencia: cuando la mente se auto-inspecciona, los fenómenos objetivos, examinables, y previsiblemente repetibles, son notoriamente difíciles de observar y cuantificar. Por esa razón, su estudio ha sido, hasta este momento, relegado a la filosofía, la religión, y a la tan conocida "ciencia compasiva" de la psicología. Sin embargo, en las dos últimas décadas, un esfuerzo coordinado para desarrollar una ciencia de la consciencia ha generado considerable investigación y discusión, lo que ha sido extensamente tomado en consideración en conferencias académicas, simposios, artículos y libros.*

*Vea, como ejemplo, la dirección electrónica del Centro para los Estudios de la Consciencia de la Universidad de Arizona: www.consciousness.arizona.edu; también B. Alan Wallace, "The Intersubjective Worlds of Science and Religión," 2001 Templeton Research Lecture.

A pesar de esta tendencia, la tensión y la discordia continúa entre los estudios basados en la experiencia de la "primera persona," tales como los reportados en las tradiciones contemplativas y místicas, y la búsqueda empírica de la "tercera persona," la cual está intrínsicamente basada en el objetivo y que favorece a las explicaciones físicas, las de conducta y las ambientales. Y el viejo y "difícil problema" de la causalidad permanece: si la consciencia — ya sea humana, animal o de otro tipo — es una consecuencia temporal de la electroquímica, una ilusión creada por "correlaciones nerviosas," las cuales se desintegran con la muerte; o es algo primario y arquitectónico, capaz de existir independientemente de las formas físicas orgánicas, y que, por lo tanto, se origina y se reproduce por sí misma a partir de estados previos de consciencia. O talvez ambas, en una relación de causalidad recíproca.

Como sucede con la discusión del diseño inteligente, el estudio sobre la consciencia está lleno de teorías conflictivas, supuestos e hipótesis no demostradas, las cuales, como algunos investigadores advierten, nos pueden cegar con la "ilusión del conocimiento" — un laberinto aparentemente sin final, de data ambigua y de argumentos puramente intelectuales, en donde la investigación valiosa se sacrifica frecuentemente al minotauro del reduccionismo. Reducir los fenómenos subjetivos a la química y a la física es bastante común, pero allí también existe el problema de interpretar selectivamente la data y tratar de acomodarla dentro de los conceptos del modelo dominante — ya sea científico o religioso — a menudo pasando por alto su trascendencia mayor.

Dicho de otra forma, el problema del conocimiento no es esencialmente diferente del que enfrentó Sócrates hace más de 2400 años cuando Meno planteó el dilema sofista: En la búsqueda por el conocimiento, ¿cómo es posible descubrir el objeto de tu búsqueda si no lo sabes? Aun si encontraras lo que buscas, ¿cómo sabrías, de alguna forma, que eso es lo que no sabías? (Meno 80). Esto podría parecernos tan sofistería pura (como Platón quiso ilustrar); sin embargo, destaca la restricción de una investigación científica, especialmente la de la consciencia humana, la cual frecuentemente percibe solamente lo que quiere, o que cuenta con ello, tal y como el historiador de la ciencia, Thomas S. Kuhn, efectivamente lo ha demostrado.* Podemos recorrer hasta el agotamiento dentro de un laberinto de fenómenos esquivos filtrados por nuestras preconcepciones; o en lugar de eso, como Sócrates habría sugerido, buscar por un hilo de intuición de los de Ariadna — la genio del descubrimiento científico — que nos muestre la salida.

*The Structure of Scientific Revolutions, 2nd. ed., 1970, ch. 6, especialmente el estudio de Bruner y Postman que demuestra el efecto cegador de la expectativa, pp. 62-5.

Desde 1871, cuando el distinguido químico, Sir William Crookes (siguiendo a otros antes que él), propuso la investigación científica de la fuerza psíquica — un número de científicos acreditados han sentido que la investigación psíquica ofrece tal trayectoria. Si los fenómenos paranormales y la supervivencia del individuo después de la muerte podrían ser demostrados bajo condiciones de prueba, entonces, seguramente éstos serían unas evidencias de que la consciencia puede existir independientemente del cuerpo. Pero cuando consultamos los anales de la historia, este camino también, al mismo tiempo que ofrece mucho sobre qué considerar detenidamente, ha guiado hacia otros laberintos y minotauros, como la credibilidad ciega, la vanidad psíquica, la desilusión y el fraude, por una parte; y extremo escepticismo y mofas, por la otra, empujando las serias consideraciones de estos fenómenos hacia la periferia.

Para evitar estos peligrosos escollos, podríamos ensanchar nuestro alcance y girar hacia otro camino "excluido" de la investigación que estudie de lleno la naturaleza de la consciencia y su relación con la materia, armonizando la física y la metafísica en tal forma que ofrezcan soluciones coherentes a los problemas de la evolución y la creación. En la literatura teosófica, como La Doctrina Secreta y Las Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett, como también en obras más antiguas, existen mucho ejemplos de revelaciones científicas que sugieren modos de consciencia todavía no entendidos o reconocidos por la ciencia actual.* La percepción espiritual, la intuición, la iluminación y la gnosis o conocimiento de los Misterios, rutinariamente se mencionan en las tradiciones de la sabiduría antigua: desde Gilgamés, quien "vio cosas secretas y abrió lugares ocultos," hasta el filosofo Sócrates, quien contemplo "lo bello, lo justo, y lo bueno en su verdad.," y Jesús, en el Evangelio de Tomás, quien dijo: "Reconoce lo que está en tu visión, y lo que está oculto para ti se te tornará evidente; porque no existe nada oculto que no llegue a ser manifiesto."

*Vea "Creation, Evolution and The Secret Doctrine," Sunrise, April/May, 1988, pp.148-9, en la dirección electrónica www.theosociety.org .

La Teosofía, que literalmente significa "sabiduría divina," y sus descripciones de la evolución cósmica y humana, frecuentemente comienza con un número de prólogos. Aunque refiriéndose específicamente a la legislación, pero en un sentido más profundo, a la ley divina, la cual inspira y gobierna al universo, Platón les llama proemios, agregando que "ello elabora toda la diferencia, ya sea que recordemos claramente a los preámbulos o no" (Laws 723); porque éstos pretenden proveer un fundamento conceptual necesario que nos ayude a orientarnos y a clarificar lo que viene a continuación. La Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky, una presentación moderna de la sabiduría y tradición antiguas, comienza con tres de esos preámbulos — el Prólogo, la Introducción, y el Proemio. Cuando se le preguntó que cómo se debería leer el libro, ella respondió: "La primera cosa que se debe hacer, aun cuando tome años, es obtener alguna comprensión de los 'Tres Principios Fundamentales' dados en el Proemio"; y después, seguir con la recapitulación, esto es, los puntos numerados en la sección de Sumario (1:269 y siguientes).*

*Vea "The 'Secret Doctrine' and Its Study," An Invitation to The Secret Doctrine, en la dirección electrónica www.theosociety.org/

Una pieza valiosa hacia esas tres proposiciones desde el punto de vista de la evolución es el concepto de la ascendencia común: que todas las especies sobre nuestro planeta se derivan de una fuente común y, como consecuencia, están vinculadas y arraigadas conjuntamente y de tal forma que podemos considerar a nuestra tierra como un organismo viviente. En cuanto a que la teosofía difiere fundamentalmente con el darvinismo en su descripción de ese antepasado común, ya que convierte en factores a la consciencia y a la materia, "no como realidades independientes, sino como dos aspectos de lo Absoluto," la teosofía, no obstante, comparte con el darvinismo la idea de la relación de familia de toda clase de vida. Es más, ella extiende este concepto hasta los linderos precisos de nuestra comprensión, afirmando que la individualidad esencial de cada ser es una unión eterna de consciencia y substancia arraigadas en la Unidad absoluta, que esa individualidad es una entidad monádica que perdura de universo tras universo en una auto-realización que continuamente evoluciona — desde adentro hacia fuera. "Auto-reproduciéndose a través de las eternidades cíclicas, cada una de esas entidades monádicas entran de forma clara dentro de una definición de vida; y cada una de sus expresiones de manifestación — ya sea partícula, planta, animal, humano, o algo más de esto — es, por lo tanto, consciente de su propio plano de percepción, y es un componente vivo y esencial de nuestro universo viviente.

Recurriendo a "esas facultades que nos capacitan a trascender el tiempo y el espacio . . . que nos dan un intenso anhelo por la verdad abstracta," los Tres Principios Fundamentales comienzan con la fuente de la existencia: un Principio omnipresente, eterno, sin límite e inmutable, la "causa sin causa y la raíz sin raíz de todo lo que fue, es, o será." Ello, o Eso (la Realidad sin nombre), no es un ser o un dios genérico antropomorfo, sino que se describe como la abstracta "Seidad"* más allá de la extensión y el alcance del pensamiento humano, inconcebible e indecible, simbolizado por el estado abstracto absoluto y por el movimiento abstracto absoluto, esto último, algunas veces denominado el Grandioso Aliento:

*[Este es un neologismo que nos hemos visto obligados a introducir para traducir la palabra inglesa Be-ness, que también es un neologismo. Notas del traductor de La Doctrina Secreta, Proemio, nota 22, editorial Kier. — Tr.]
Considerando a esta tríada metafísica (la Única Realidad, la Consciencia, y la Materia) como la raíz de la cual procede toda manifestación, el Grandioso Aliento asume el carácter de Concepción de Ideas pre-cósmicas. Es el fons et origo [la fuente y el origen] de la fuerza y de toda consciencia individual, y provee la inteligencia directora en el vasto proyecto de la Evolución cósmica.
Justamente como la Concepción de Ideas pre-Cósmicas es la raíz de toda consciencia individual, así mismo la Substancia pre-Cósmica es el Substrato de la materia en sus variados grados de su diferenciación . . .
Por lo tanto, es aparente que el contraste de estos dos aspectos de lo Absoluto sea esencial para la existencia del "Universo Manifestado." — 1:15

Aquí, La Doctrina Secreta hace énfasis en que la consciencia se deriva de estados previos de consciencia, justamente como la materia se deriva de estados previos de substancia, y de que las dos están vinculadas eterna e inseparablemente. Esto se aclara con detalles cuando cuando explica que la consciencia y la substancia están interconectadas por la energía dinámica, la cual estampa las ideas de pensamiento divino sobre la substancia cósmica las comúnmente conocidas leyes de la naturaleza, a través de los arquitectos de nuestros mundos visibles. (1:14-16)

La segunda proposición fundamental aumenta este concepto de dualidad y bipolaridad, la que postula a "la Eternidad del Universo in toto como un plano ilimitado; [que es] periódicamente 'el campo de juego de innumerables Universos [en donde] incesantemente se manifiestan y desaparecen'," cada uno de los cuales es el padre de su sucesor. "esta segunda afirmación de La Doctrina Secreta es la universalidad absoluta de la ley de la periodicidad . . . que se observa y se registra en todos los departamentos de la naturaleza" —alterabilidades como el día y la noche, vida y muerte, dormir y despertar (1:16-17, 43).

Al especular sobre la noche del universo, esto es, la condición pasiva de la Esencia absoluta cuando "las tinieblas estaban sobre la faz del abismo" (Génesis 1:2), nada de la infinitud ilimitada del espacio abstracto se dice que existía para que el intelecto finito pudiera entender, a excepción, quizá, de lo que los filósofos Kogi de Columbia del norte denominan Aluna, cuyos dos atributos son la Memoria y la Posibilidad (o Potencialidad). La teosofía sostiene que no existe creación ex inhilo ("algo sacado de la nada"), tal y como se concibe usualmente, sino que en lugar de ello, periódicamente se manifiesta una "transformación" dentro del Principio absoluto siempre existente, del cual emana la totalidad del cosmos. Si bien la teosofía "no niega a un Creador, o mejor aun, a un conjunto colectivo de creadores," sí rechaza, "desde un punto de vista lógico, que se le atribuya la 'creación', y especialmente la formación — algo finito — a un Principio Infinito" (1:7). La tarea de la "creación" pertenece, en cambio, a las huestes de poderes inteligentes, frecuentemente descritas como los arquitectos y constructores.

Todo el Cosmos es dirigido, controlado, y animado por una serie casi interminable de Jerarquías de Seres sensitivos, cada uno teniendo una misión que cumplir . . . Ellos varían infinitamente en sus respectivos grados de consciencia e inteligencia; y llamarlos a todos Espíritus puros sin ninguna mezcla terrenal, "esa mezcla que el tiempo acostumbra a devorar," es tan solo para permitirse una imaginación poética. Porque cada uno de esos Seres, o bien fue, o se prepara para convertirse [en un] hombre, ya sea en el presente ciclo (Manvantara), o en uno de los pasados, o en uno de los futuros. Cuando no son hombres incipientes, son hombres perfeccionados . . .  1:274-5

Este concepto conduce de forma natural a la tercera proposición, la cual postula "la identidad fundamental de todas las Almas con el Alma Suprema Universal, siendo esta última, por sí sola, un aspecto de la Raíz Desconocida; y el peregrinaje obligatorio para cada Alma — una chispa de la primera — a través del Ciclo de la Encarnación (o 'Necesidad'), de acuerdo con la Ley Cíclica y Kármica," ascendiendo, primero, por impulso natural del mineral, de la planta, y del animal; y después, mediante esfuerzos auto-producidos y auto-ideados, desde el hombre hasta el arcángel más santo. "La doctrina fundamental de la filosofía esotérica no admite privilegios o talentos especiales para el hombre, excepto aquellos que se ganan por su propio Ego mediante esfuerzos y méritos personales, a través de una larga serie de metempsicosis y reencarnaciones." (1:17).

Considerar esta ascensión evolutiva como una lucha competitiva que favorece a aquellos que son los mejores "dotados" material, intelectual o espiritualmente, sería tergiversar su significado y propósito. Al contrario, estas tres proposiciones son una afirmación de nuestro mandato evolutivo, lo cual hace valer los derechos inherentes de existencia y de ascendencia que le pertenece a todo ser viviente: que todo en el universo, siendo divinamente originado, es un copartícipe, y en cierto grado, un co-creador; y además, que estamos íntimamente vinculados unos con los otros en esta asociación universal, por muy separada y desigual que exteriormente podríamos parecer. Como humanos auto-conscientes de con semilla de potencial divino, cada uno de nosotros tiene la capacidad de auto-conocerse y escoger su sendero dentro del futuro. Que esto implique libre albedrío y la responsabilidad para actuar por el bienestar de todo el cosmos, es evidente; que cada uno de nosotros es una imperfecta obra en proceso, también lo es. Aprendemos de nuestros errores y de nuestros éxitos — así como también de los fracasos y triunfos de los demás.

por muchas [que sean] las pruebas que [el universo] pueda exhibir de una inteligencia directora detrás del velo, todavía muestra brechaclicas y defectos, y hasta resultados, muy a menudo, de fracasos evidentes — por lo tanto, ni las Huestes colectivas (Demiurgo), o individualmente, ninguno de los Poderes que actúan son sujetos merecedores de los honores divinos o de veneración. Sin embargo, todos tienen derecho a la reverencia agradecida de la Humanidad;  y el hombre debe estar siempre esforzándose para ayudar a la evolución divina de Ideas al convertirse, con lo mejor de su capacidad, en un co-obrero con la naturaleza en su tarea cíclica. Sólo el único y siempre insondable e incognoscible Karana, la Causa Sin Causa de todas las causas, debiera tener su templo y altar en el recinto santo y jamás hollado de nuestro corazón — invisible, intangible, inefable, con excepción completamente de "la silenciosa y pequeña voz" de nuestra consciencia espiritual. Aquellos que lo veneran deben hacerlo en el silencio y en la soledad santificada de sus Almas; haciendo a su Espíritu el único mediador entre ellos y el Espíritu Universal; presentando sus buenas acciones como sus únicos sacerdotes; y a sus pecaminosas intenciones, como las únicas víctimas objetivas y visibles de sacrificio ante la Presencia. — 1:280

Ni La Doctrina Secreta, como tampoco  Las Cartas de los Mahatmas, ni ninguna otra obra teosófica pretende ofrecer la filosofía esotérica completa, o un "veredicto final sobre la existencia." Sus autores solamente pretenden ofrecer unos pocos fragmentos como nociones generales para ayudar a "conducir hacia la verdad." Desde eras antes de Sócrates, a los estudiantes de sabiduría eterna les ha sido aconsejado que la prueba se le deja completamente a cada individuo; nada, ni por escrito o en forma hablada, es para que se asuma o acepte como la palabra final; porque el verdadero conocimiento no puede comunicarse, excepto por experiencia propria, y a la larga, por contemplación directa, la cual requiere una consciencia perceptiva de un orden superior. Ni tampoco la ascensión escabrosa, desde la ignorancia hacia la intuición, puede llevarse a cabo a partir solamente de la ciencia, sino que requiere una asociación con la filosofía y la religión — en otras palabras, las disciplinas éticas, intelectuales y espirituales que preceden a los Misterios.

A estos conceptos fundamentales presentados en este breve resumen, difícilmente se les hace justicia, y desde un punto de vista teísta, sin lugar a dudas, parecerán extraños. Sin embargo, el estudio imparcial del origen y la ascendencia de las tradiciones espirituales de la humanidad produce amplia evidencia de que estas ideas no son, ni heréticas, ni periféricas, sino que son centrales, fundamentales y [han sido] universalmente expresadas — un tema que examinaremos en el Capítulo 3.


 

Capítulo 3

Una Síntesis Teosófica

El resultado neto de investigar cualquier teoría científica o enseñanza religiosa que pretenda explicar los orígenes del universo y del hombre, es darse cuenta que el universo esconde mucho más de lo que revela, y que las pretensiones dogmáticas, a menudo, dificultan revelaciones más profundas. No fue hace mucho tiempo que el “estudio de religiones comparadas” significó demostrar la superioridad de la religión que alguien confiesa profesar, por [el hecho de] comparar sus mejores rasgos distintivos con los peores de las otras. Un enfoque mucho más beneficioso sería comparar lo mejor con lo mejor, y tratar de examinar a cada tradición como la faceta de un diamante, cada una ayudando a reflejar, amplificar, y a revelar de una manera más completa el fuego interno de la joya. Este método es especialmente útil cuando se intenta discernir las enseñanzas originales de una tradición que, debido a las imperfecciones de la naturaleza humana y a las fuerzas erosivas del tiempo y de la política, casi invariablemente se torna cubierta con una costra opaca de interpretaciones convencionales.

Como las religiones del mundo están unidas por un hilo común de enseñanza-sabiduría; por consiguiente, es de esperarse el encontrar fulgores de ese fuego interno que se refleja en todas ellas. Esta ha sido la experiencia de muchos que han emprendido ese estudio. Por ejemplo, Joseph Campbell, basándose en los arquetipos del inconsciente colectivo de Carl Jung, y en sus propios y extensos estudios, concluyó que no existe, sino "una mitología mundial," cada cultura torciéndola con su propio y único ciclo de relatos. Asimismo, Steuch, Leibniz, Huxley, y otros, han escrito de la "Filosofía Perenne" como representando el factor común más alto que une a las tradiciones filosóficas-espirituales del mundo. Esos hilos unitarios son perceptibles, omnipresentes y bien documentados, y demuestran que ninguna religión tiene monopolio sobre la verdad, sino que cada una es una expresión de nuestra herencia espiritual universal.

Muchas tradiciones dan cuenta de un relato que comienza y termina con un misterio innominado, dentro del cual toda creación y evolución se verifica. "El Tao que puede ser descrito no es la Vía eterna . . . lo Innominado es la fuente del cielo y la tierra" (Tao Te Ching). Para ayudarnos a conceptuar a Eso en lo que "vivimos, y movemos, y tenemos nuestro ser," la teología lo ha denominado Dios o Ser Supremo. Para ayudarnos a llegar más allá del estereotipo, la teosofía lo llama abstracta "Seidad": un Principio omnipresente, eterno, sin límites, inmutable, lo cual, al igual que la Idea de lo Bueno de Platón, es "más allá del ser," agregando que es la "fuente y origen de la fuerza y de toda consciencia individual, y provee la inteligencia directora en el vasto proyecto de la evolución cósmica (La Doctrina Secreta 1:15). Sin embargo, Ello, o Eso, no crea o evoluciona nada, algo que podría ser predicado solamente de un ser finito. En lugar de eso, de su consciencia-substancia abstracta y esencial emanaron las huestes de poderes inteligentes, cerca de una infinitud de arquitectos y constructores, cuyas tareas es la formación y desarrollo del universo manifestado.

"En el principio creó Dios los cielos y la tierra" dice el lenguaje de la teología Judea-cristiana, sosteniendo que Dios creó todo de la nada. La teosofía judía re-expresa el hebreo original en algo diferente, extendiéndolo más y haciendo alusión a lo que se entiende por nada o "Ninguna Cosa." De acuerdo al pre-eminente erudito del misticismo judío del siglo XX, Gershom Scholem:

el Zohar, y en efecto, la mayoría de los cabalistas más ancianos, examinaron el significado del primer versículo del Torah: Bereshith bara Elohim, "En el principio creó Dios," verdaderamente, ¿qué significa? La respuesta es completamente sorprendente. Se nos dice que lo que significa Bereshith — por medio del "principio," esto es, de la existencia primordial, la cual ha sido definida como la sabiduría de Dios, —bara, creó, esto es, la Nada oculta, la cual constituye el sujeto gramatical de la palabra bara, emanó o se desplegó, — Elohim, esto queriendo decir que su emanación es Elohim. Es el objeto, no el sujeto de la oración . . . Elohim es el nombre dado a Dios después que la separación del sujeto y el objeto se ha verificado, pero en el cual esta separación está continuamente vinculada o concluida. La Nada mística, que yace antes de la división de la idea primaria dentro del Conocedor y lo Conocido, no es considerada por el cabalista como un verdadero sujeto. Las extensiones inferiores de la manifestación de Dios forman el objeto de la consideración humana regular, pero el plano superior, el cual la meditación puede alcanzar completamente . . . no puede ser más que un destello intuitivo y ocasional, el cual ilumina al corazón humano . . . — Major Trends in Jewish Mysticism, p. 221

Ordenando esta interpretación dentro de una oración gramatical sencilla, Bereshith bara elohim podría ser traducida así: "En el principio, por medio de la Sabiduría Divina primordial, la Nada oculta emanó, o desplegó, a Elohim," quien, entonces, formó los cielos y la tierra. A pesar de su uso en singular con los verbos en toda la Biblia hebrea, elohim es, sin embargo, un nombre plural y puede interpretarse que significa un conjunto colectivo, o un templo de poderes creativos, como se le ha hecho alusión abiertamente en Génesis 1:26 y 3:22 ("Y Yahvé-Elohim dijo: He aquí el hombre es como uno de nosotros"), e implícitamente en Job 38:4-7, en donde se nos informa de la reunión de dioses presentes en la creación.

La idea de pluralidad se preserva en los textos más antiguos de la teosofía mandean, que se deriva de la misma corriente que sirve de base al esoterismo judío antiguo. Emigrando de Jerusalén hace más de 1 800 años hacia la Mesopotamia meridional, los mandeos (los "Gnósticos," quienes reclaman a Juan El Bautista como uno de sus sacerdotes "coronados" o iniciados) se refieren al principio divino supremo como Hiia, la "Grandiosa Vida," la fuente que origina, como la fuerza creativa que sustenta a todo lo que existe en el universo. La Grandiosa Vida se describe como nukraiia, literalmente, "otra," en el sentido de "remota, incomprensible, inefable." Debido a su misterio, los mandeos hablan de ella en el plural impersonal — la Grandiosa Vida no es "Él," o "Ello," sino un abstracto "Ellos." A partir de la Grandiosa Vida, se emana el vivificante poder dual del Brote de Resplandor Sucesivo y la Mente, quienes, a su vez, causan e irradian a su hijo Yawar ("Deslumbrador" o "Quien Hace Despertar") y le confían a él y a sus hermanos el trabajo de reproducir el cosmos. Nótese que el de ellos es un poder reproductivo, lo que implica la simiente de un universo previo. De acuerdo a las enseñanzas antiguamente reservadas a los postulantes, la Grandiosa Vida está sucesivamente activa y pasiva en el drama cíclico cósmico: después de retirarse dentro de un período de reposo, ella (o "Ellos") se manifiesta otra vez en las dos fuerzas grandiosas de vida y en una renovada creación del universo — reproducidas anualmente sobre nuestro globo terrestre en semillas, los brotes de hierba, hojas y frutos. Como es arriba, así es abajo.*

*E. S. Drower, The Secret Adam: A Study of Nasorean Gnosis, 1960, pp. 1-11, 88-9; Canonical Prayerbook of the Mandaeans, 1959, pp. 252-60; The Thousand and Twelve Questions, 1960, p. 5.
Reflexionando en la tradición cananea/ugarítica más antigua en la cual Yaw es el hijo de El, Deuteronomio 32:1-9, "dice lo que sucedió cuando El Elyon ('El, el Altísimo') dividió las naciones entre sus hijos; Yahvé [Jehová] recibió a Israel como su porción" (Norman Cohn, Cosmos, Chaos, and the World to Come, 2001, p. 132). Yaw, Yawar y Yahvé, además, comparten paralelos trascendentes con el babilónico Ea (pronúnciese "ehyah"), el sabio y poderoso hijo del supremo dios Anu, "engendrado a su semejanza," quien, "no tuvo rival entre sus hermanos dioses" (Enuma elish i.16-20).

En las tradiciones sumerias-babilónicas, de las cuales se sabe que Génesis es parcialmente dependiente, la creación es el trabajo de varias deidades , quienes formaron los cielos y la tierra de substancia pre-existente. Al comparar los relatos judíos y babilónicos de la creación, el erudito mesopotámico, Alexander Heidel, observó que la creación del universo, lo que incluye a la materia, a partir de la nada vacía por la soberana voluntad y poder de Dios "no se puede deducir del verbo hebreo bara, 'crear' . . . no existe evidencia concluyente en todo el Viejo Testamento de que el verbo, por sí solo, exprese de alguna forma la idea de una creación de la nada . . . [es solamente] una connotación la que ha sido interpretada de bara" (The Babylonian Genesis, 1963, pp. 89-90). Igualmente, la identificación de Elohim con Yahvé (Jehová) es una connotación que reemplazó y, finalmente, escondió lo original del término y, aun más, el significado filosófico de la pluralidad de los poderes creativos.*

*Véase también, de Margaret Barker, The Great Angel: A Study of Israel's Second God, 1992.

La importancia de estos conceptos no se puede sobre-estimar, porque su contraste — la noción de un Dios celoso, masculino y singular, quien crea almas inocentes, al [ocurrir en una] concepción sin existencia previa, que se predestinan a la desigualdad, la injusticia, y a un sufrimiento inmerecido — ha servido únicamente para crear "materialismo y ateísmo como protesta contra la declarada orden divina de las cosas" (La Doctrina Secreta, 1:183). Si los sacerdotes y los teólogos hubieran explicado francamente que elohim es un pronombre plural; si ellos "hubieran mencionado, a manera de ilustración, las referencias bíblicas que declaran que nosotros, los humanos, en nuestra esencia más íntima, también somos elohim porque descendemos de ellos, tal y como Jesús lo hizo al recordarle a su pueblo:"No está escrito en vuestra Ley: 'Yo dije: dioses sois?'"*; si ellos hubieran hecho énfasis en la naturaleza alegórica de la escritura y que los misterios y la sabiduría oculta de Dios están guardados para que finalmente sean conocibles; y que [si hubieran] resistido a la tentación de simplificar demasiado los conceptos profundamente metafísicos, si ellos se hubieran vuelto hacia las raíces esotéricas antiguas y, quizá, [si se hubiera] comparado a los dioses creadores con un coro, como lo hace el Libro de Job (38:7) y la tradición de los Navajos, en la cual los "santos" le cantan al universo [cuando entra] en existencia, entonces, la controversia entre la creación y la evolución podría ser mucho menos polarizada y divisiva, y un obstáculo menos para los investigadores serios. Tomado conjuntamente con la evidencia poderosa del diseño en la naturaleza, aquí, por lo menos, habría una base para un diálogo coherente, tanto científico como espiritual, acerca de nuestros orígenes y ascendencia y respecto a los problemas más importantes de significado, propósito, justicia y compasión.

*Juan 10:34, 14-12; y Salmo 82:6 : "Yo dije: 'Vosotros sois elohim, y todos vosotros hijos del Altísimo.'"
Zohar 3:152a; Origen, De Principiis, iv.i.16; Maimonides, Guide for the Perplexed, pt. ii, ch. 29, p. 211; Marcos 4:10-12; 1ª Corintios 2:7; y Evangelio de Tomás 5.

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Los relatos de la creación y el viaje evolutivo del alma se han repetido innumerables veces por los pueblos de todo el mundo. Se pretende que los mitos sean recordatorios y liberadores de verdades olvidadas; y una versión muy sólida, un relato moderno y repetitivo de un mito aborigen, reducido a lo esencial, aquí, sería sugestivo. Entonces, reservándolo a lo íntimo de nuestra imaginación, dentro del bosque y las soledades desiertas de lo despoblado del suelo australiano, iluminado por el fuego y abrigado por las estrellas, oímos el relato eterno:

Hace muchísimo tiempo antes de nuestro Soñar, la tierra a nuestros pies no tenía forma, ni color, ni luz, ningún río fluía, la tierra estaba vacía. Dentro de las tinieblas ingresaron los Birirrk. Ellos vinieron desde muy lejos y dejaron sus huellas sobre el terreno. Los Birirrk fueron nuestros grandes antepasados espirituales. Sus huellas, de una a la otra parte de la tierra, crearon los senderos del Soñar, y lo pintaron con luces y sombras.

Los Birirrk pudieron penetrar la roca. Ellos soplaron sobre su rostro y las rocas se abrieron para permitirles la entrada. Del polvo, ellos formaron nuestras montañas; y sobre la tierra, ellos hicieron los grandes ríos. Cuando esto fue hecho, los Birirrk formaron los moldes de los animales para vivir en ellos. Con el agua, emergieron las hierbas y los árboles, para que los animales se alimentaran de las hierbas, y se abrigaran bajo los árboles, y bebieran de los ríos. Los Birirrk formaron los lirios y las batatas. Ellos le enseñaron a sus hijos, nuestra gente, a cómo encontrar y comer batatas, y dijeron: "Estas son batatas, las batatas también son hombres."

Cuando todo esto fue hecho, los grandes antepasados le enseñaron a sus hijos, nuestra gente, acerca de la forma del canguro. "Los canguros también son hombres." A medida que la luz cubrió el cielo, los Birirrk formaron a las aves y les enseñaron a cómo volar. "Ellos también son hombres," nos dijeron.

Ellos nos mostraron el carboncillo de los fuegos de sus grandiosos senderos del Soñar, y nos dijeron: "Con estos colores, ustedes podrán mantener el Soñar. Nosotros nos iremos pronto, pero regresaremos cuando el Soñar tome su lugar mediante vuestros cantos y danzas, vuestra pintura y vuestra narración."

Los Birirrk se desvanecieron. Se convirtieron en abrevaderos, montañas, ríos y rocas de la tierra, nuestra Madre. Ellos dejaron los relatos de cómo construir canoas y de cómo enseñarles a nuestros hijos. Estos relatos existen en la tierra. Ellos son las leyes, que son nuestras, para mantenerlas y para mantenernos.

Los Birirrk, nuestros antepasados, están dentro de la tierra, nuestra Madre. Ellos están dentro de nosotros y en nuestros hijos, a medida que el Soñar tome su lugar. Estas rocas y montañas, estos ríos y abrevaderos, son nuestros grandiosos antepasados. Ellos son los Birirrk, nuestro espíritu.*

*Abreviado de The Birirrk: Our Ancestors of the Dreaming, relatado por Gulpilil, L & S Publishing, Cheltenham, Australia, 1983.

Esta bella versión es completamente de lo más interesante debido a su antigüedad tan remota en su concepción. Al igual que Génesis, comienza, desde el principio, cuando la tierra no tenía forma, [estaba] "vacía," y sin luz. Sin embargo, el mundo no fue creado de la nada, sino formado por seres divinos a partir del "polvo" primordial, quienes vinieron desde "lo más lejano," quienes diseñaron los senderos del Ideal a través de copias etéreas de nuestra tierra [en estado] pre-embrionario. Pintando luz y sombras dentro de su silueta, ellos instruyeron a los elementos, inspiraron vida dentro de ellos, ingresando e, incluso, convirtiéndose en ellos. Y así pasó también con el agua. Entonces, los Birirrk diseñaron las formas de los seres vivientes ("animales"), y a las criaturas acuáticas para que viviesen en los ríos. Y con el agua, también, vinieron las plantas y la fauna. Alguien podría discernir, aquí, una biología evolutiva, emanando desde la primera descripción de la luz inteligente, con la cual, conscientemente, el universo hace de ella su ideal.

Esta es una afirmación extraordinaria: después de "formar" los lirios y las batatas, los Birirrk dijeron: "Las batatas también son hombres." Los canguros son hombres, como también lo son las aves. Aunque la tradición aborigen enseña reencarnación, esas afirmaciones no implican reencarnación de almas humanas dentro de los reinos inferiores, sino que se refieren a algo más. El relato dice aquí, tanto en tiempo presente como en tiempo pasado: las plantas los marsupiales y las aves son "hombres" — nuestra gente, hijos de los dioses — han estado aquí desde el principio.

La teosofía ofrece un amplio contexto explicatorio para esta serie esencial de ideas, frecuentemente usando ejemplos de varias tradiciones, tanto para ilustrar sus significados como para demostrar su universalidad. Así como en la enseñanza hindú de los días y las noches de Brahma, cuyo "día" abarca más de cuatro billones de años, seguido por una noche de igual longitud, nuestro universo se dice que no es, sino uno de una serie infinita, alternando cíclicamente entre actividad y reposo en una duración eterna. Constituyéndose como el progenitor de él mismo, cada universo emite sucesivamente de su consciencia y substancia, los modelos de simientes y mente para todos sus reinos, desde el elemental, al humano, al divino. En la época de la última disolución universal, las simientes de vida que resumen a estos reinos, fueron fletados a bordo del "navío del conocimiento." Al igual que el arca de Noé, navegó por las aguas del diluvio del caos hasta que Brahma volvió a despertar, y la tierra fue levantada, una vez más, dentro de un nuevo ciclo evolutivo. Manifestándose como la trinidad de Brahma-Vishnú-Siva, la divinidad emitió una serie de impulsos creativos representada por los diez avatares, o "linajes," de Vishnú, quienes encarnan como un pez, un reptil, un mamífero, y finalmente, como humanos de creciente y progresiva consciencia de ellos mismos, siempre esforzándose a formar una humanidad más perfeccionada — justamente como los humanos siempre se esfuerzan por volverse más divinos en substancia, mente, y espíritu: un triple proyecto evolutivo.

En todas estas tradiciones, ya sea [que hayan sido] enseñadas abiertamente  mediante indicaciones indirectas, o en secreto, el "Hombre" es el Alfa y la Omega, el principio y el final, porque el hombre siempre ha existido. La humanidad de los universos anteriores ha dejado su señal sobre la estructura de la mente de la naturaleza, proveyendo las fuerzas arquitectónicas que modelan, no solamente al hombre moderno, sino que a toda vida en desarrollo. Como una especie que evoluciona, el "Hombre" apareció al principio de nuestro corriente ciclo mundial, y a partir de sus formas prototípicas primitivas — difícilmente esbozadas sobre las copias etéreas de nuestro planeta jardín — [salieron] todos los reinos inferiores; y de éstos, la gente de nuestra tierra ha divergido y evolucionado. Es por esta razón que se dice que el Hombre es el padre y depósito de los reinos ubicados debajo de él, la raíz y tronco del Árbol de la Vida, cuando no, el árbol por sí mismo — un microcosmos en el macrocosmos. Esta es una enseñanza que ha resonado en las tradiciones alrededor de todo el mundo, dándonos en qué pensar para después preguntarnos por qué.*

*Compare Hindu Purusha-Prajapati-Narayana-Brahma, Egyptian Atum, Jewish Adam Kadmon, Mandaean-Nasoraean Adam Qadmaia, Eskimo Father Raven, etc., que sugieren o expresan un principio antrópico representado por la mayoria de las antropomorfas deidades creativas. Esta aparente evolucion de orden inversa, la cual propone como principio al "Hombre" como el antepasado común de los reinos ubicados debajo de él, es un tema demasiado extenso e intrincado para que sea desarrollado en este breve ensayo. A los lectores se les refiere a La Doctrina Secreta, Volumen Dos, y a Man in Evolution, por G. de Purucker, para un estudio más completo.

El descenso del espíritu dentro de la materia y el ascenso de la materia al espíritu, involución y evolución, es un tema fundamental de la filosofía eterna: la "Caída" de los ángeles y los hombres, de Adán y Eva revistiéndose de "abrigos de pieles," de Cristo descendiendo al infierno, de Prometeo avivando inteligencia naciente, del ascenso abrupto y escabroso desde la caverna de la ignorancia, de la búsqueda del santo grial, el eterno regreso al "grandioso y antiguo seno," la mística unión y compañerismo con nuestra divinidad interna, de samadhi, iluminación, nirvana, y parinirvana — que se realizan solamente para que se renuncie a ello; sin embargo, [es] retenida internamente como una sabiduría directora y compasiva para el beneficio de todos.

De acuerdo con la tradición teosófica, la historia de nuestra propia individualidad fue reanudada cuando el universo volvió a despertar — cuando una vez más la Unidad emitió las Masas — y recordó las mansiones más majestuosas que cada uno de nosotros podría construir. Oleada tras oleada de vida de seres monádicos se irradiaron sucesivamente en un majestuosamente sonoro "Sea la luz," diseñándose y formándose a través de corporeizar, una y otra vez, infinitudes de templos, reinos, y mundos — todos construidos sin el ruido de los martillos, hachas, o herramientas metálicas. De aquí, el Sufí enseña:

Perecí como mineral, y me convertí en una planta,
Sucumbí como planta y resucité como un animal,
Expiré como animal y fui un Hombre.

Alcanzamos equilibrio como humanos, un equilibrio del espíritu y la materia, y un punto decisivo en la evolución. Inspirado por una naciente consciencia de nosotros mismos y el poder liberado de la selección de buena voluntad, descubrimos, no solamente el poder de la mente, sino también el índice del tiempo: un pasado que, de alguna manera, hemos hecho; y un futuro que es nuestro para crearlo — un prospecto desalentador quizá, si es que no percibimos la presencia ayudadora y directora de aquellos que ya han pisado este sendero antiguo y eterno. El poeta continúa:

¿Por qué debería temer? ¿Cuándo disminuí por morir?
Sin embargo, una vez más, moriré como Hombre, para remontarme
Con los ángeles benditos; pero aun de ese estado angelical
Debo seguir mi camino . . .  — RUMI, Mathnawi

En la filosofía teosófica no existen milagros o intervenciones que suspendan las leyes del universo. Cosechamos lo que sembramos, y ni los hombres ni los dioses pueden cambiar eso. Pero nosotros podemos cambiar nuestro rumbo y nuestro destino en cualquier momento dado, porque tenemos el poder de imaginar y escoger inteligentemente, y así, ayudarnos a crear y evolucionar un futuro mejor, más sabio y más compasivo para todos nosotros. Lo que hace hombre al hombre se define precisamente por el término por sí solo. No teniendo nada que ver con el género, el concepto conecta con la raíz del verbo sánscrito man, "pensar." Pero como un compuesto de tierra y del cielo sembrado de estrellas, somos mucho más que nuestro intelecto, nuestros deseos, o nuestras inspiraciones más nobles. Como emanaciones — descendencia — de ese misterio innominado, el cual está más allá de nuestra capacidad humana para concebirlo, tenemos, por siempre y eternamente, la revelación dentro de nosotros, esa infinita Nada denominada memoria y posibilidad: la memoria de lo que esencialmente somos y podemos llegar a ser, y la posibilidad de realizar creativamente nuestro mandato evolutivo.

Mirando hacia el futuro — no solamente al lejano horizonte de la imaginación científica y espiritual, sino a las realidades inmediatas que se despliegan a diario delante de nosotros — los relatos de nuestro origen, ascendencia, y el potencial interno, nos ayudan a acarrear dentro del centro de atención lo que es más importante en nuestras vidas, esos valores que perduran a través de todo nuestro crecimiento y evolución, de nuestro vivir y morir. Si nuestro viaje evolutivo se dice que comienza con amor y termina en la sabiduría, como la misma palabra filosofía lo implica, existe aun, otra cualidad ilimitada, profundizada y fortalecida por la realización creciente de la unidad de vida. Justamente como los Misterios antiguos reconocieron a la "comunión y amistad con Dios" como el fruto del rito iniciador supremo, así mismo los budistas lo expresan en términos más humanos: el iluminado ideal [será] personificado por el próximo buda llamado Maitreya, cuyo nombre significa "amigo." Como Sócrates lo sugirió, muchos tienen todavía que aprender — y confiar — que "ninguna divinidad está, en alguna forma, indispuesta para con el hombre," ni ninguna acción de su parte se debe a la falta de amabilidad. Cuando todo esté dicho y hecho, no importa que lo podamos haber llevado a cabo, o no, en una sola vida o en una eternidad de vivir, todos tenemos la facultad de ser un amigo y hermano: una presencia solícita y bondadosa para con cada uno y para con todos en esta magnífica, desafiante, imperfecta, pero a pesar de todo, fundamentalmente armoniosa sinfonía de vida universal.


Para un estudio más a fondo, consulte las obras y las direcciones electrónicas citadas, así como también Fundamentals of the Esoteric Philosophy, de G. de Purucker. Además de la literatura teosófica (que también está disponible en theososciety.org), dos direcciones electrónicas y sus vínculos de página se recomiendan: PandasThumb.org (evolución darviniana) y Discovery.org (diseño inteligente).


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