El Enigma de la Vida por Nils A. Amnéus

Theosophical University Press Online Edition

Capítulo II

El Universo: Una Escuela de Experiencia

La Escuela de la Naturaleza
La Ley de Causa y Efecto
El Tomar Cuerpo Nuevamente
Ciclos
El Salón de Clases del Hombre
El Propósito


El Universo, incluyendo el visible y el invisible . . . existe por el amor a la experiencia y emancipación del alma. — Patañjali (Filósofo Hindú de la Antigüedad)

La Escuela de la Naturaleza

El Universo es una enorme escuela de experiencia para el despliegue de una Conciencia mayor en todas las unidades de vida que componen ese Universo. La Naturaleza Materializada es una de las escuelas en la que ciertos cursos de instrucción son ofrecidos. Todas las Mónadas que ganan su experiencia en la escuela mayor de la Naturaleza, empiezan su evolución para este ciclo en determinados momentos del pasado lejano, lo cual hace que muestren diferencias enormes en su desarrollo. Pero no todas ellas pueden beneficiarse por tener las mismas experiencias en este tiempo, y la Naturaleza provee para esta mayor diversidad de desarrollo, el ofrecimiento de oportunidades para personificarse en una vasta variedad de formas diferentes: en los Reinos Mineral, Vegetal, Animal, y Humano; y en un casi infinito número de subgrados o subdivisiones dentro de ellos.

Las Mónadas menos evolucionadas aceptan un cuerpo en el Reino Mineral; aquellas que han avanzado un poco más en su evolución aceptan un cuerpo en el Reino Vegetal; y las más avanzadas, en el Reino Animal. Las Mónadas que han asimilado todo lo que se puede obtener en la existencia en el Reino Animal avanzan aún más y comienzan su evolución en el Reino Humano.

Debido a que las Mónadas, ahora en cuerpos de forma humana, empezaron su viaje evolutivo en tiempos diferentes en el pasado lejano, y por lo tanto, "arribaron" en la etapa Humana en tiempos diferentes, no es sino natural que los seres humanos muestren enormes discrepancias en sus desarrollos. Aquellas que arribaron en la etapa Humana hace muchas edades, y que consiguientemente tuvieron más oportunidades de reencarnar, han avanzado mucho más en su evolución humana, y se personifican en una de las razas más altamente civilizadas de la humanidad. Por otro lado, todas las Mónadas que arribaron a la etapa Humana más recientemente, toman cuerpos en una de las razas más primitivas para empezar su evolución humana. A medida que su desarrollo se desenvuelve, ellas adoptan cuerpos en razas más altamente desarrolladas. Dentro de la raza, las Mónadas son atraídas a reencarnar en una nación y en una familia que correspondan lo más acertadamente posible a su propio desarrollo.

Así, un vasto ejército está pasando a través de la Naturaleza, el cual es un inmenso conjunto de Mónadas habitando sucesivamente en diversas formas en los reinos inferiores, para luego emigrar a formas mucho más altas, aprendiendo y avanzando por las experiencias que ofrecen las diversas formas de adopción de cuerpos.

Una escuela corriente tiene clases y cursos de instrucción para niños de kindergarten hasta la edad de graduación. Cada año, un nuevo grupo comienza kindergarten; y cada año, los niños en un grado completan sus cursos y avanzan al grado próximo mayor. Después de cada semestre, hay un período de vacaciones antes que el nuevo ciclo comience; y cada año, una clase se gradúa del nivel más alto y deja esa escuela por otros campos de actividad; o tal vez, para ingresar al grado más bajo en la escuela superior siguiente. Así, tenemos una corriente continua de niños ganando instrucción en esa escuela al trabajar a través de sus diversos grados, "emigrando," tal y como ocurre, de clase en clase, después de haber obtenido la capacitación indicada en el grado anterior.

Las clases y los cursos de instrucción en la escuela permanecen invariables, así como los Reinos de la Naturaleza; pero los niños, como las Mónadas, constituyen una corriente constante de entidades nuevas que están en ascenso. Los períodos de tiempo consumidos en estas migraciones de las Mónadas a través de los Reinos de la Naturaleza, son de duración tan inmensa como para asombrar a la imaginación, y exceden en muchísimo lo que parecería ser aceptable ahora.

La Ley de Causa y Efecto

Se ha dicho que el Universo es una escuela de experiencia. Con el objeto de aprender por experiencia, es necesario repetir una acción una y otra vez. También es necesario que la Naturaleza sea consistente en sus reacciones. Si chocamos una pelota contra el piso, rebotará en una dirección que depende enteramente de la forma en que se lanzó. Esto es así porque las fuerzas de la Naturaleza obedecen leyes definidas e invariables, de las cuales el lanzador de la pelota puede beneficiarse por experiencia y obtener determinados resultados deseados. Si las fuerzas de la Naturaleza no fueran constantes, la pelota podría reaccionar diferentemente cada vez, y sería imposible predecir qué podría ocurrir. En estas condiciones no habría base para obtener experiencia, y todo progreso sería imposible de lograr.

La Doctrina Antigua afirma que todo en el Universo está sometido a una absoluta e infalible Ley de Causa y Efecto que brinda a toda acción, una reacción igual y opuesta. Esta ley gobierna todas las acciones, desde los átomos hasta los universos, y todo lo que se encuentre en ellos, visibles e invisibles, físicos, psíquicos, mentales y espirituales.

En una escuela corriente, el profesor es un individuo. En la "Escuela de la Experiencia," el profesor no es un individuo, sino que es la Ley de Causa y Efecto, la cual es inherente a la Naturaleza. Esta ley es conocida en la Doctrina Antigua por el nombre de Karma, y será discutida ampliamente bajo ese encabezado.

El Tomar Cuerpo Nuevamente

Ningún alumno puede aprender en un solo día todo lo que su escuela puede enseñarle. Ese día sería demasiado corto y el trabajo demasiado agotador. Así que él regresa día tras día a sus estudios. El alumno no puede permanecer en la escuela las 24 horas del día, mes tras mes, sin interrupción. Si él quiere conservar su salud y capacidad de aprendizaje, sus períodos de estudio deben ser alternados con períodos de juego, recreos y descansos; y es así como nuestros sistemas escolares están diseñados de acuerdo a estos requisitos. Una Mónada tampoco puede asimilar todo lo que puede ser experimentado en cierta forma de cuerpo durante una sola adopción de ese cuerpo, o durante una sola vida de ese cuerpo; como tampoco ningún alumno puede asimilar en un solo día todo lo que su escuela le ofrece para aprender.

La evolución de la Mónada sería imposible si ella estuviera limitada a una sola vida en cualesquiera de las formas de los cuerpos. Con el fin de llevar a cabo el propósito de la Evolución, la Mónada debe tener más y más tiempo. Y la Naturaleza provee el tiempo necesario para darle a la Mónada nuevas oportunidades para que repetidamente se corporifique en una forma particular, y por un buen largo tiempo para que vuelva a tomar cuerpos nuevos, tantos como sean necesarios.

La Sabiduría Antigua dice que la doctrina de volver a tomar cuerpos nuevos aplica a toda unidad de vida individual en el Universo. Todas asumen cuerpos o vehículos de diversos tipos, o se corporifican; todas tienen sus períodos de actividad de diversa duración; todas desechan sus ropajes desgastados y entran en sus períodos de asimilación y descanso; y todas vuelven a tomar cuerpos nuevos, para continuar su evolución.

Cuando toman cuerpos de carne, ese proceso se conoce como Reencarnación, formada por tres palabras latinas: re, "otra vez"; en, "en"; y carnis, "carne," las cuales dan la palabra que significa "otra vez en carne." Todas las unidades de vida vuelven a tomar cuerpos nuevos. Solamente aquellos cuerpos que son de carne, reencarnan. Por lo tanto, Reencarnación es "un caso especial" de volver a tomar cuerpo.

Ciclos

De acuerdo a la Doctrina Antigua, toda actividad en la Naturaleza es cíclica. Esto es, que es repetitiva, y consiste de períodos de actividad alternados con períodos de descanso. En una escala pequeña de tiempo, vemos esta Ley de Periodicidad, o Ley de Ciclos, operando en fenómenos como el retorno de las estaciones, mareas altas y bajas, días y noches, dormir y estar despierto, etc. En una escala mayor de tiempo, el mismo principio aplica mediante repetidas adopciones de cuerpos nuevos, períodos de vida separados por muerte, seguidos por períodos de descanso en otros estados de ser, seguidos en su turno, por otras adopciones nuevas de cuerpos en el mundo material.

El Salón de Clases del Hombre

En el Reino Humano, nuestra evolución alcanza progreso mediante experiencias externas e internas. Exteriormente, aprendemos nuestras lecciones en el contacto con la Naturaleza y con nuestros prójimos. Algunas veces aprendemos placenteramente; pero otras veces, mediante el sufrir y el luchar. "Nos pulimos con ese ajetreo que nos ofrece la vida," nos encontramos en diversas circunstancias en las cuales mostramos nuestra ingenuidad, ponemos a trabajar nuestras facultades y talentos latentes, y desarrollamos ánimo, entereza y paciencia.

Interiormente, el Hombre se encuentra atrapado consigo mismo en una red de fuerzas y energías conflictivas que actúan dentro de su propia naturaleza. Por una parte, sus deseos y sus "sentidos y órganos tumultuosos lo impulsan a actuar en cualquier dirección," si utilizamos una expresión del Bhagavad Gita. Estos sentidos son estimulados, son activados por las necesidades, tentaciones y fascinaciones presentadas por el mundo material. Por la otra parte, existe la naturaleza divina del Hombre, de donde se recibe los impulsos para hacer acciones no egoístas y altruistas, para servir, para dar, para construir un mundo mejor. Para fortalecerlo en sus esfuerzos, el hombre también tiene las doctrinas éticas de la religión que lo impulsan a amar a su prójimo, a "buscar el Reino de los Cielos," y a hacer lo bueno a los demás como si lo hiciese para él mismo.

El hombre promedio oscila entre estos aspectos de su naturaleza, algunas veces obedeciéndole a una parte, y otras veces, a la opuesta. Él se encuentra como si estuviera en medio de dos polos opuestos que atraen su ser, pero el Hombre no es un peón inútil al servicio de ningún lado. Él tiene libre albedrío y puede seguir sus impulsos superiores, o ceder a sus inferiores, tanto como él lo decida. Por sus hechos y pensamientos repetidos, el Hombre tiene poder en sí mismo para modificar su carácter y, por lo tanto, determinar su propio destino.

Cuando nos damos cuenta que la Ley de Causa y Efecto controla todas nuestras acciones, y que eso nos brinda una reacción de dolor por cada dolor que le ocasionemos a otros, así también podemos realizar que podemos beneficiarnos por cada acción benéfica que hagamos, y esto es lo que nos permite que veamos la sabiduría de comportarse bien con los demás, y la locura que implica hacerles daño. Así, al darnos cuenta de que queremos experimentar felicidad y armonía, primero debemos sembrar esas semillas de felicidad y armonía.

Si a pesar de este conocimiento persistimos en actuar mal y brindar infelicidad y penurias a los demás, como una consecuencia, eso es lo que nos acarreará una reacción de sufrimiento sobre nosotros mismos. Como quiera que sea, este sufrimiento también tiene su compensación, porque nos enseña que no tuvimos voluntad para aprender ninguna otra forma. Ello cambia nuestra atención hacia resultados importantes de la vida, que de otra manera pudieron haber sido pasados por alto. Nos brinda compasión, solidaridad y entendimiento de las penas de los demás. Si no repetimos nuestra maldad, el sufrimiento gradualmente se disipará, y si le escuchamos a la voz de nuestra Naturaleza Más Alta y vivimos de acuerdo a sus dictados, la vida fluirá tranquila y armoniosamente.

Así, aprendemos de la experiencia de la vida, y poco a poco nos volvemos más sabios y más apacibles y mejor capacitados para vivir en armonía con los demás.

El Propósito

La Teosofía considera a la Humanidad como una emanación de la Divinidad en su sendero de regreso a ella. — H. P. Blavatsky

La Sabiduría Antigua nos dice que el propósito de la existencia del Hombre en la Tierra es volverse divino, y expresar activa y completamente en su vida diaria las cualidades divinas, las cuales son innatas, pero permanecen en estado latente. Es la personalidad limitada y egocéntrica del Hombre la que previene que esas cualidades divinas puedan expresarse. Por lo tanto, el propósito de la evolución del Hombre es ensanchar, refinar y elevar su personalidad hasta convertirla en un instrumento apropiado para expresar esas cualidades divinas que existen dentro de él.

Todos los Maestros grandiosos, como Cristo y Buda, fueron en un tiempo seres humanos normales. La compasión por el sufrimiento de sus prójimos aumentó en sus corazones un deseo de brindar consuelo y establecer una relación más feliz y más armoniosa entre los hombres. Para llevar a cabo ésto, ellos tuvieron que acelerar su evolución mediante un esfuerzo autodirigido y continuo durante muchas vidas. Así, ellos avanzaron constantemente y adelante de sus prójimos, avanzando en perfección hasta que alcanzaron comunión con su dios interior. La obtención de esta unión los convirtió en los caracteres más altamente evolucionados y sobresalientes, con un entendimiento muy profundo de las Leyes de la Naturaleza, si los comparamos con los demás hombres; y por éso, obtuvieron un control muy grandioso sobre fuerzas conocidas y desconocidas en el Universo.

Cristo y Buda siempre enseñaron que su realización puede ser lograda por todos. Jesús mostró su fe en el perfeccionamiento del Hombre cuando Él amonestó a sus oyentes: "Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre que está en los Cielos es perfecto." (Mateo 5:48). La Sabiduría Antigua dice que "El Padre en los Cielos" es la Divinidad innata en cada hombre. Jesús también dijo, en Juan 10:30: "Yo y El Padre Uno Somos," indicando con ésto que su yo humano había sido refinado y levantado a una unión completa y consciente con su dios interno.

El propósito de la existencia del Hombre — aquí en la Tierra — habrá sido llevado a cabo; y el propósito de la evolución será obtenido cuando, en un futuro, la raza humana, como una sola entidad, todos y cada uno de sus miembros se conviertan en imitadores de Cristo. De esta manera, el hombre divino caminará la Tierra, la armonía reinará, y el Reino de los Cielos será una realidad sobre la Tierra.


Capítulo III

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